Los participantes fueron divididos en 3 niveles y recibirán clases por 6 meses

90 adultos mayores en Cuenca regresaron a las aulas para aprender inglés

- 19 de octubre de 2014 - 00:00
Antes de iniciar las clases las personas rindieron una prueba para evaluar los niveles de conocimiento del idioma. Existen 6 paralelos. Foto: José Luis Llivisaca / El Telégrafo.

Los participantes fueron divididos en 3 niveles y recibirán clases por 6 meses

“Open your books on page eight and nine”, les dice Guillermo Pacheco a sus estudiantes. Por varias ocasiones hace énfasis en la última parte “page eight and nine” y luego de unos segundos sus alumnos saben que deben abrir sus libros en las páginas 8 y 9.

En grupos, ordenados y muy atentos a cada palabra que el profesor dice, alrededor de 90 adultos mayores, desde hace 4 semanas, reciben clases de inglés en las aulas del Departamento de Idiomas de la Universidad de Cuenca.

Hoy dicen sentirse felices y motivados a recordar y aprender una segunda lengua que, en algunos casos, estudiaron hace unos 40 años.  

Rosalía Chacón y su hermano Víctor reciben clases en horas de la tarde. Desde el 22 de septiembre ella dejó de lado los programas de farándula para volver a las aulas, tomar libros, reunirse con compañeros y recordar un idioma que aprendió cuando estaba en el colegio.

“Las primeras clases se me están haciendo fáciles porque prácticamente es lo que aprendí cuando estaba en el colegio”, dijo Rosalía, quien ya recordó cómo debe saludar, decir su nombre, desear un buen día, además de dar su número de teléfono, todo en el idioma extranjero.

A diferencia de sus años colegiales, Rosalía dice que ahora hay más compañerismo. Su familia la apoya. “Mi hija y mi hermana están felices. Me dicen que es lo mejor que he pensado”.

Para Rosalía, la parte más difícil del idioma es entender el habla. Asegura que en los deberes le va mejor que a su hermano, Víctor Chacón, a quien también se le complica comprender lo que el profesor dice.

Ellos comparten aula con Leopoldo Pauta, quien igualmente se muestra muy contento “de aprender el inglés a la vejez”.

Para Pauta, este tipo de actividades son necesarias porque, dijo, les ayuda a distraerse y “mantener la mente más lucida”. Además que se convierte en un espacio para conocer personas, hacer amigos y compartir experiencias.

Pauta vuelve a recordar el idioma a los 50 años. Considera que lo más difícil es aprender los verbos.

Sus hijos son quienes le dan ánimo cuando quiere “tirar la toalla”. “Conversando con mis compañeros ellos también están emocionados. Me cuentan que los nietos les dan ánimo para que sigan en las clases”, expresó.

Tanto Rosalía como Víctor y Leopoldo se encuentran en uno de los 4 cursos del nivel principiante.

Antes de empezar las clases los estudiantes dieron un examen de ubicación. De acuerdo con este los 90 adultos mayores fueron divididos en 3 niveles: principiantes (4 paralelos), donde está el mayor número de alumnos; despuntado de principiantes (un paralelo); y un nivel intermedio (un paralelo).

Guillermo Pacheco, uno de los 4 profesores de inglés que pertenecen al Departamento de Idiomas de la Universidad de Cuenca, indicó que ya se nota un progreso en el aprendizaje de los adultos mayores. “Al inicio les saludaba en inglés y era difícil entender para ellos. En este momento ya pueden decir quiénes son, sus profesiones y sus números de teléfono”, dijo.

Pacheco explicó que el examen de ubicación fue de mucha importancia para saber cuál era el nivel de conocimiento. Indicó que ninguno de los adultos posee un nivel avanzado, sin embargo, dijo que algunos tienen cierto dominio del idioma.

A diferencia de las clases con jóvenes universitarios, Pacheco, indicó que las clases con los adultos mayores requieren más atención y cariño. “El adulto mayor siempre quiere demostrar que está avanzando. Todos quieren mostrar el deber, es un grupo muy especial, muy cariñoso y afectivo”, dijo.

La clases de inglés forman parte de un proyecto pionero a nivel del país, que según el docente tiene 2 finalidades: averiguar si un curso de inglés puede ayudar a personas de la tercera edad a mantener sus niveles cognitivos y crear un espacio de inclusión para que sigan siendo parte activa de la sociedad.

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