El Telégrafo
El Telégrafo
Ecuador/Mié.27/Ene/2021

Mundo

Tendencias
Historias relacionadas

Un proceso constituyente que empieza con limosnas y desprecio

Para los pueblos indígenas de Chile la posibilidad de participar del proceso constituyente representa una oportunidad de entrar en pugna por la posible refundación del país.
02 de noviembre de 2020 00:00
El Estado chileno en la actualidad no reconoce en su carta magna a los pueblos indígenas que habitan su territorio. Apenas los datos del censo del año 2017 distinguen la existencia de nueve pueblos indígenas, mientras que señalan que el 12,8% de la población se adscribió como perteneciente a alguno de ellos.

Ante esto, la reciente victoria de la opción Apruebo, significa para los pueblos indígenas la posibilidad de participar del proceso constituyente, por lo tanto, la oportunidad de entrar en pugna por la posible refundación de Chile con el consecuente reconocimiento de derechos, hasta ahora expresados de forma insuficiente en la actual Ley Indígena.

Sin embargo, esta batalla no es sencilla, durante esta semana, los representantes indígenas experimentaron con mayor intensidad las barreras de ciertos sectores, esta vez, en cuanto a la cantidad de escaños que se les debería asignar para su participación en este cometido. Ante esto los dirigentes (principalmente del norte de Chile y del pueblo Mapuche) se presentaron ante las comisiones instaladas en el Senado Nacional con la intención de apelar y de exponer la necesidad urgente de mayor equidad. Entre los temas debatidos estuvieron: la auto identificación, y la hegemonía indígena Mapuche.
Autoidentificación:
El derecho a la autoidentificación (Reconocida por el Convenio 169 OIT) en el actual Chile se traduce en una práctica revisada, disciplinada y sujetada por instancias estatales designadas para este fin, me refiero entre ellas específicamente al CONADI, institución que además tiene una una visión de desarrollo que no necesariamente condice con las prácticas o culturas indígenas.
Por otro lado, el territorio norte chileno es uno de los espacios que reporta mayor conflictividad a la hora de considerar la diversidad étnica, esto por varias razones, por nombrar algunas: la situación de triple frontera entre Chile , Bolivia y Perú, la superposición de territorios indígenas con líneas demarcatorias nacionales y los mecanismos de control migratorio, que eventualmente restringen la participación de estos actores condenándolos a la invisibilidad y la cosificación de su existencia, como ellos mismos denunciaron ante la comisión del Senado cuando manifestaron “No somos botín del Pacífico”.
Hegemonía indígena : “No somos minoría, no nos hagan pelear entre nosotros”
Representantes de los pueblos indígenas evidenciaron también la intención de algunos sectores de posicionar al pueblo Mapuche (quienes cuentan con representantes de centro derecha, de izquierda y los denominados profesionales independientes) con la mayoría de escaños por sobre los otros
pueblos indígenas.

A pesar de los argumentos esgrimidos, el Senado asignó este viernes apenas 23 escaños, siete menos de los solicitados, como adicionales sobre la fórmula estipulada para la Convención Constitucional (155). La distribución de los escaños fue la siguiente: 14 para el pueblo Mapuche, 7 para las “minorías étnicas” quienes incluso se enfrentarán a dividir un escaño entre pueblos distintos, 2 para los aymaras.
Con la preponderancia Mapuche impuesta, la tensión, como advertían los dirigentes, se dará de forma interna y quienes más salen perdiendo son sin duda los pueblos, sobre todo aquellos que quedan en la reducida ventana de participación de los siete escaños a quienes ni siquiera se los nombra.
Lo que hemos aprendido y queda claro de los procesos constituyentes en la región, es que la redacción de la carta magna es apenas el inicio de una cadena de negociaciones, por lo que se espera mínimamente que la participación de las fuerzas interviniente se presenten en forma equitativa, claramente este no es el caso: Intereses clave como la administración de recursos hídricos, planificaciones urbanas y el control de los espacios territoriales para la explotación minera son apenas tres ejemplos de las fuerzas detrás de impedir la voz de todos los involucrados.
Esperemos que la asignación de los 23 escaños promueva una alianza y acuerdos entre los pueblos
indígenas antes que disputas.

Te recomendamos

Las más leídas