Por: Yanina Welp
Albert Hirschman Centre on Democracy (Suiza) y Red de Politólogas
Las elecciones son el motor de la democracia –aunque no sean suficientes para garantizarla, son indispensables para mantenerla en marcha–. Su suspensión indefinida pone en crisis todo el sistema. En plena propagación de la covid-19 muchos gobiernos optaron por suspender sus procesos electorales en aras de proteger la salud. Lo hizo Francia con los comicios locales, Bolivia con los presidenciales y Chile con el plebiscito, entre tantos otros. Pasados unos meses, se hizo evidente que la pandemia no era flor de un día, ni de medio año. Los rebrotes en Israel, España o incluso China, donde parecía que se había dado fin a la crisis sanitaria, evidenciaron que esto iría para largo. Las idas y vueltas han producido innumerables retos para la gestión de procesos electorales, que ya se han llevado a cabo en Francia (altísima abstención), Polonia (alta participación pero mayor abstención de personas mayores), República Dominicana (muy cuestionadas) o Corea (reconocidas como ejemplares), por citar unos pocos.
Veamos la experiencia reciente en España. En Galicia y País Vasco se reagendaron los comicios para el 12 de julio, pero entonces los rebrotes condujeron a los gobiernos a reconfinar poblaciones e incluso a prohibir el ejercicio del derecho a voto a los contagiados. La mayoría de las y los juristas ha considerado inconstitucional esta medida. El derecho a voto es fundamental para el sostenimiento de la democracia y no puede ser menoscabado, menos aún por situaciones que podían preverse y subsanarse conociendo de antemano el escenario. No es admisible el recorte de derechos, cabe organizar procesos electorales para tiempos de pandemia.
El problema está muy definido: ¿cómo combinar la protección de la salud con el ejercicio de los derechos políticos? Entre las varias opciones disponibles, para América Latina parece que la alternativa más razonable es el voto distribuido en varios días, con turnos más o menos delimitados, organización de distancia entre electores y autoridades de mesa y provisión de material adecuado para todos. Nuestras colegas de la Red de Politólogas en Chile han promovido unos lineamientos para realizar un plebiscito seguro. Se puede y se debe. (O)
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