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Yunguilla, el valle adonde se desplazaron los sembríos de caña

27 de septiembre de 2015 00:00

El cantón Santa Isabel está situado en el valle de Yunguilla, y se ha convertido en uno de los destinos favoritos para vacacionar, principalmente de los cuencanos. Está ubicado a unos 60 kilómetros de la capital azuaya, y en bus el viaje podría durar una hora y media.

Los habitantes son amables y orientan a los recién llegados. Algunos desconocen por qué el lugar donde viven se llama Yunguilla. Unos dicen que es por el clima y otros por la agricultura. Un grupo más intenta explicar que el término proviene de 2 palabras kichwa: yun y guilla, de las cuales desconocen el significado.

De lo que sí están seguros es que esta zona de clima semitropical se caracterizó por los extensos sembríos de caña de azúcar, las moliendas y la producción de aguardiente. Luisa Chacha recuerda que desde distintas partes del país llegaban en busca de cientos de litros de licor de la bebida. “Todo esto era cultivos de caña. Había muchas moliendas y llegaban camiones a comprar el licor”, asegura.

Actualmente la situación ha cambiado. Ya no hay los numerosos trapiches y tampoco se pueden ver los extensos cultivos de caña. “Es que ya no es una actividad rentable”, dice Lautaro Banegas, propietario de una de las 10 moliendas que aún subsisten en el sector.

Su negocio está ubicado en la parroquia Abdón Calderón, conocida también como La Unión. Los habitantes dicen que es el “corazón de Yunguilla” y en su ingreso se levanta un monumento de un productor sentado junto a un trapiche (máquina utilizada para extraer el jugo de caña).

Los habitantes recuerdan que antes había más de 60 de estos espacios artesanales que cerraron con el transcurso de los años. Los cambios empezaron hace 20 años, dice Banegas, tras el desastre de La Josefina. Los cuencanos ya no podían construir sus quintas en Paute y descubrieron el valle.

Al ver que el negocio de la caña de azúcar no era rentable, los nativos de Yunguilla vendieron sus terrenos sobre los cuales se construyeron quintas vacacionales y hosterías. Ellos dejaron de ser cañicultores y cerraron las moliendas para convertirse en los cuidadores de los inmuebles. Otros se dedicaron a la construcción, a manejar camionetas y pocos continúan con la actividad tradicional cañicultora.

“Ahora ya no se vive de la agricultura, sino del turismo”, manifiesta Luis Urgilés, otro habitante de Abdón Calderón, en donde según datos de la Junta Parroquial, existen 6 mil personas en población nativa y 12 mil que están de paso. Sin embargo la vida en este valle es tranquila.

En la zona hay una variada fauna con especies de aves como el cernícalo americano, paloma collareja, colibrí jaspeado y más.
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