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Pretoria, la comuna que nació como un ingenio azucarero

15 de noviembre de 2015 00:00

El paisaje costeño empieza a cambiar. Los sembríos de arroz, banano y cacao van quedando atrás e inicia una empinada carretera que, según la señalización, lleva a Guaranda.

A un costado de la vía está el cantón Montalvo (Los Ríos) y al otro, el desvío a Caluma, una vía secundaria muy angosta y con varios desniveles.

A tan solo 5 kilómetros se ubica el recinto Pretoria, un caserío a ambos lados de la vía que puede pasar desapercibido y cuyos lugareños disfrutan por ser apacible, pero con necesidades.

Desde la carretera parece que las casas no están habitadas, pero tras ellas se descubre una belleza natural, un hábitat colorido, donde se encuentran varias cuadras de plantaciones de cacao, café, maíz y cítricos. Estos cultivos son el sustento económico de los habitantes de esta comuna.

En el lugar habitan alrededor de 100 familias.

El recinto Pretoria está ubicado a 113 kilómetros de Guayaquil (una hora con 48 minutos de viaje), su cabecera cantonal es Juan Montalvo. Uno de los principales problemas que afronta el lugar es la falta de agua potable.

Pretoria es un recinto de calles polvorientas. Ninguna de ellas tiene asfalto, mucho menos pavimento. Pero sus habitantes la reconocen como tierra fértil. El 98% de los lugareños se dedica a la agricultura.

En 1900, Pretoria era una hacienda cacaotera, que fue adquirida por don Horacio Espinel, quien instaló una destilería de aguardiente, cuyo producto fue conocido como Mallorca El Roblecito. En 1920 la compró Gabriel Núquez, quien mantuvo la destilería y le cambió el nombre al producto, por Mallorca Pretoria.

Así lo recuerda Alcides Menardo Núñez, de 91 años, a quien el pueblo lo reconoce como el hombre más longevo del sitio y quien en 1970 formó parte del Comité Promejoras de Pretoria, como presidente de la junta.

Él asegura que ahí habitan cerca de 100 familias y que la población bordea los 500 habitantes. Núñez cuenta que una vez que se decidió cerrar el ingenio azucarero que allí funcionaba, se parceló el lugar y muchos de los trabajadores compraron tierras en donde ahora habitan sus hijos y nietos.

Lo que más le urge a los comuneros es el agua; ellos también coinciden en que uno de los servicios que se ha convertido en la principal necesidad es el alcantarillado: “la comunidad crecerá, por ello es urgente que las autoridades cubran las necesidades del recinto”. (I)

Las calles desérticas se llenan de alumnos a las 12:30.
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