Desde 2009 la “Mama” Tungurahua es protagonista de miles de historias, especialmente para los pobladores de Pillate, Huambaló, Cusúa, Chacauco, Penipe, Bilbao, Motilenos en la Sierra centro. Para quienes viven en esas localidades, el volcán es un personaje que cuando se “enoja” provoca destrucción.

La mayoría de sus cultivos se perdió por la ceniza que cae en la zona desde el pasado 17 de agosto.
Según el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional la actividad eruptiva ha reducido su intensidad, pero sus efectos persisten. Algunas familias, pese a la inestabilidad del volcán, se resisten a dejar sus casas y prefieren convivir con su “mal humor”.
Mientras tanto, los albergues están listos para recibir a los pobladores en caso de emergencia, sin embargo los niños todavía juegan en los reasentamientos construidos después de la destrucción registrada en 2006.
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