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El Telégrafo

“Los grupos económicos obstaculizan los cambios”

“Los grupos económicos obstaculizan los cambios”
16 de enero de 2012 - 00:00

¿En qué ha cambiado el Ecuador desde 2007?

Hay cambios radicales. El Ecuador de hoy es mucho más soberano y democrático. Es un país que  cree en la política como un espacio de transformación, es más justo en términos de calidad de vida y está más cohesionado.

¿Cómo estaba el país en 2007?

Totalmente desinstitucionalizado. Había un divorcio entre el Estado, la sociedad y la economía. El Estado estaba capturado por intereses económicos y la política pública se hacía en función de esas élites. Quizá, a mi modo de ver, para la revolución alfarista el mayor logro fue la conformación de un Estado laico; para la Revolución Ciudadana fue   separar al Estado de los poderes económicos.

¿Por qué desinstitucionalizado?

Había un caos institucional, con duplicidad de funciones, de competencias, incluso de tipo remunerativo que no  aplicaba la lógica de la meritocracia. Con las autonomías se construyeron paraestados, es decir, entidades paralelas al Estado que torpedeaban y minimizaban el rol de los ministerios para trabajar con unidades ejecutoras. Este Gobierno recuperó la rectoría del Estado.

Otro proceso importante ha sido la desconcentración y la descentralización, un reto fuerte desde que se creó el Consejo Nacional de Competencias, que busca una desconcetración, no desde la perspectiva de Quito-Guayaquil y a veces Cuenca, sino para que las instituciones estén en todo el territorio, en un marco de cooperación y coordinación.

¿Y hoy, cuál es el rol de la empresa privada dentro del Estado?

El que debió ser siempre: producir riqueza con valor agregado y generar empleo. Siempre he dicho que nuestra economía y nuestro empresariado, en un gran porcentaje, es ocioso. La riqueza que generan no tiene valor agregado, sino que se basa en la intermediación financiera -porque tengo capital y genero riqueza a través de la circulación- y de las importaciones.

Cuando importamos damos dinero a otro país en lugar de generar puestos de empleo aquí en Ecuador. El nuevo rol del empresariado es promover esa gran transformación productiva que necesita el país y no mantenerse en un modelo primario exportador, vigente por décadas y que precisamente ha construido una sociedad heterogénea y desigual.

La fuerte inversión pública fue criticada por los sectores de derecha.  ¿Cuál es su balance?

No  querían que se invierta en el sector público para mantener el statu quo que privilegiaba a las personas que ostentaban el poder económico. Los empresarios y la oposición decían que la inversión pública desplazaría  a la privada, pero en la práctica sucedió  todo lo contrario. La inversión pública impulsó a la privada. Y es notorio que la economía está creciendo, tanto en el sector privado como en el público, porque cuando el Estado invierte se genera mayor  productividad y competitividad sistémica. Con mejores aeropuertos, puertos y carreteras, y con energía más barata habrá un efecto positivo en la circulación de los bienes. Si la banca pública coloca más crédito, no solo para consumo sino para producción, eso permitirá que la economía se desarrolle.

Concretamente vemos un crecimiento del PIB no petrolero del 9% y sistemáticamente hubo un desarrollo en todos los estratos. Los quintiles más pobres tienen un crecimiento más alto que el resto de sectores, lo que reduce la polarización social y se cierra la brecha de pobreza, sobre todo en un sector descuidado por otros gobiernos: los indigentes o, extremadamente, pobres. Ahora, los recursos de quienes tenían en exceso se han distribuido a la clase media y esta se ha fortalecido. Un ejemplo es la educación superior, en donde de cada 100 ecuatorianos que se titulaban 75 correspondían al 20% más rico de la población.

En acceso a salud, educación y servicios básicos, ¿cuánto se ha avanzado?

Me voy a referir al caso de las universidades, en donde el problema no es la falta de recursos sino de distribución y eficiencia en el gasto. Luego de un análisis hemos identificado que el Estado entrega 200 millones de dólares más de lo que realmente necesitan. El promedio latinoamericano para gastos administrativos es del 15% al 20%, pero en  Ecuador se gasta entre un 45% y 70%, cuando esos fondos podrían ir a infraestructura, capacitación, formación de docentes, laboratorios de investigación, es decir, hay un problema de asignación de recursos.

La planificación presupuestaria también ha variado, con menos dependencia del petróleo

Se dice que esos cambios en los ingresos del Estado obedecen al precio del petróleo cuando vemos que el ingreso no petrolero es mucho mayor. Y es porque nuestra política es depender de nosotros mismos y no de factores externos, y para ello fue fundamental recuperar la soberanía del país con la renegociación de los contratos petroleros. Antes, por cada dólar que subía el petróleo el Gobierno recibía 35 millones de dólares y ahora por cada dólar obtiene 80 millones de dólares. Si no cambiábamos esa correlación, hoy dependeríamos más de ese petróleo.

Durante los cinco años de Gobierno, ¿cuáles han sido los principales obstáculos?

Los grupos económicos, porque se han opuesto sistemáticamente a las transformaciones, pues están perdiendo ese statu quo que tanto les favorecía y perjudicaba al resto de ecuatorianos. Entre esos grupos económicos ha estado la prensa, como vocera de esos sectores. Una de las luchas más importantes ha sido ir en contra del monopolio de la palabra representado por esos grupos.

¿En dónde estuvieron los aliados?

En la propia sociedad ecuatoriana. En un editorial se afirmaba que el apoyo al presidente Rafael Correa se debía únicamente a la publicidad, lo que revela una lectura muy simple, y mientras sigan así la oposición seguirá fracasando en los procesos electorales. El respaldo real ha venido de la ciudadanía, porque al separar el Estado de los intereses económicos existe una política de interés general y eso, el ciudadano de a pie lo ha entendido.

¿Qué falta por hacer?

Uno de los retos es cambiar la matriz productiva y ya  se han sentado las bases. Dentro del Plan del Buen Vivir está  dejar de ser un país primario exportador y para eso hay que invertir  en ciencia, tecnología e innovación, y la   transferencia tecnológica. El segundo reto que tenemos como país es construir una masa crítica, lo que implica   invertir en educación superior. Y la meritocracia en el sector público, un tema fundamental sin el que no habrá ese salto cualitativo.

¿Cuál ha sido la política internacional del país?

Existe un antes y un después en la construcción de un país soberano. Digo soberano por la declaración de la deuda ilegítima, sacar la Base de Manta, mantener una posición soberana tras el incidente de Angostura (2008) y buscar una integración a través del ALBA y la Unasur. También está la inserción estratégica en los mercados mundiales.

Antes de este Gobierno, las exportaciones a los EE.UU. llegaban al 60% y hoy son del 34%, porque diversificamos  mercados y hay cada vez más  exportadores que llegan a otras zonas del planeta pensando en un cambio en la geopolítica mundial, sabiendo que EE.UU. y Europa atraviesan una grave crisis.

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