Mi Colombia, el “consulado” gastronómico colombiano en Guayaquil cierra por la pandemia

- 14 de julio de 2020 - 10:40
El restaurante Mi Colombia fue un sitio de referencia para disfrutar de los platos colombianos.
Juan Carlos Holguín / ET

Era noche de sábado y en el restaurante Mi Colombia, ubicado en la quinta etapa de la Alborada, norte de Guayaquil, el ambiente siempre olía a bandeja paisa, aguapanela y aguardiente.

La música era un tributo a los cantantes colombianos: Carlos Vives entonaba en los parlantes: “Moralito Moralito se creía que él a mí, que él a mí me iba a ganar. Y cuando me oyó tocar le cayó la gota fría”.

Luego era el turno del Grupo Niche. “Cali Pachanguero; Cali, luz de un nuevo cielo”. Y remataba la velada el Binomio de Oro con sus vallenatos: “Ay corazón, si te vas, enseñame cómo te olvido”.

Mientras tanto, los comensales degustaban los platos típicos de la gastronomía del vecino país del norte: además de la bandeja paisa estaban la sobrebarriga criolla, el mondongo, el ajíaco, las empanadas…

Las instalaciones fueron desmanteladas y los aparatos de cocina se vendieron. Foto Juan Carlos Holguín / ET

Aquí llegaban los colombianos residentes o de visita en Guayaquil, anhelando sentir los sabores de su tierra. O también los guayaquileños que deseaban degustar esos platos tan conocidos en la cultura popular. Todo en un ambiente de alegría, en ocasiones con grupos musicales en vivo.

Con todos estos ingredientes, el restaurante Mi Colombia se convirtió en uno de los más conocidos de la ciudad. Desde su creación en 1994, fue creciendo hasta volverse una especie de “consulado colombiano” no oficial, un pedacito de Colombia en pleno Guayaquil.

Sin embargo, esos alegres momentos quedarán solo en el recuerdo. La música dejó de sonar, los hornos se apagaron, los refrigeradores ya no enfrían y las luces ya no se encienden. El restaurante dejó de atender al público debido a la pandemia y tras cuatro meses sin servicio, su propietario, Richard Franco, decidió cerrar de forma definitiva.

La situación económica es dura en este momento. Y él reconoce que mantener un negocio grande como el suyo, funcionando con tan solo el 30% de su capacidad, es difícil. Por eso puso a la venta todos los equipos de cocina y utensilios que usaba a diario.

El empresario recuerda sus comienzos en este sitio ubicado en el corazón de la Alborada. Llegó desde Rionegro, en el departamento colombiano de Antioquia, y puso un negocio cervecero. Se llamaba “Mi Colombia” y tenía grupos vallenatos y de salsa.

El restaurante era muy visitado debido a su ambiente familiar. Los recuerdos permanecen. Foto Cortesía Richard Franco 

Años después le dio un giro a su negocio y lo volvió un restaurante colombiano, que ganó fama y se hizo muy conocido entre sus compatriotas y entre los guayaquileños. “Nos enfocamos en nuestra gente colombiana, y también en que el ecuatoriano que nos visitara se llevara una muy buena imagen del país y de su gente”, comentó Richard Franco en diálogo con El Telégrafo.

Mi Colombia era el sitio de referencia en Guayaquil cuando se hablaba de comida colombiana. Era además un punto de encuentro de las personas oriundas del vecino país para reuniones, cumpleaños y celebraciones.

Y para los medios de comunicación, era el lugar obligado que visitaban cuando habían partidos de fútbol entre las selecciones de Colombia y Ecuador. Sabían que ahí encontrarían a numerosos colombianos haciendo barra por su equipo.

Sin embargo, luego de 26 años la pandemia obligó al cierre. “Estamos muy agradecidos con la colonia colombiana, con los ecuatorianos, con muchos extranjeros que venían al negocio”, asegura Richard. “Tenemos mucha gratitud con la gente que nos visitaba y se iba contenta. Gente que se sentía en su tierra y eso nos llena de mucha satisfacción”.

Dice que la decisión de cerrar la tomó con total responsabilidad, para no endeudarse más. En marzo pasado paró la atención al público debido a la cuarentena y como en ese momento parecía que la situación podría extenderse, optó por liquidar a los 26 empleados que laboraban en el negocio, y que le representaban un pago mensual aproximado de $ 13.000 en nómina.

El local cierra luego de 26 años de funcionamiento ininterrumpido. Foto Juan Carlos Holguín / ET

Lo hizo para no endeudarse más y poder cumplirles con todas las obligaciones de ley. La idea era más adelante, dependiendo de cómo estuviera el mercado, retomar el negocio. “Pero vimos que otros negocios están en crisis y sería difícil hacerlo. Por eso, gracias a Jehová que nos dio sabiduría para actuar de esta manera. Ahora liquidamos el restaurante pero quedamos sin deudas”.

Reacciones

El cierre del local tomó por sorpresa a muchas personas, que gustaban de visitarlo con frecuencia y esperaban que se flexibilizaran las restricciones para regresar a disfrutar de la gastronomía colombiana.

Hay clientes que han llorado cuando vinieron y se enteraron de la noticia”, señala Richard Franco. “Yo los animo, les digo que estoy agradecido con ellos. Otros me piden que no cerremos, pero realmente la nómina es muy difícil de mantener. Si fuera un negocio más pequeño tal vez lo hacíamos como algo familiar, pero no se puede”.

La ciudadana colombiana Raquel Higuera recuerda con cariño el restaurante. Ella lleva años viviendo en Ecuador y con su esposo, el periodista Henry Holguín, ya fallecido, iban a menudo a recordar el sabor de su tierra. “Muchas muchas veces celebramos cumpleaños, visitas, reconciliaciones; fuimos con los nietos, con la familia. Es un sitio que siempre será un buen recuerdo para nuestra familia”.

Las fotos de los clientes quedan para la posteridad. Foto Cortesía Richard Franco

Carlos Orellana, de nacionalidad peruana y residente en Guayaquil, también recuerda su visita al lugar. “Fui con mi familia. La atención era de primera y la comida, mejor aún. Qué pena que restaurantes emblemáticos tengan que cerrar por esta pandemia, pero eso está ocurriendo en muchos países. No queda más que reinventarse en tiempos de coronavirus”.

La comunicadora guayaquileña Jéssica Maridueña lamenta el cierre y rememora que iba con frecuencia a bailar con los grupos que se presentaban en vivo. En cambio, la caleña Paola Andrea Holguín visitaba el restaurante cada 15 días con sus hijos, para disfrutar de un sancocho. Según ella, “era un sitio obligado, es una tristeza que cierre”.

Richard Franco no pierde el optimismo y confía en que más adelante podrá retomar el negocio. “Esperamos volver con más seguridad. Como estábamos, era difícil cumplir el protocolo como se esperaba, y tenemos que respetar la vida de las personas. No por ganarme un dólar voy a perjudicar a otro. No puedo arriesgar a las personas”. (I)

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