Frankenstein, según Jaime Tamariz

08 de noviembre de 2012 - 00:00

Luego del éxito arrollador conseguido con la puesta en escena de las obras ‘Alguien voló sobre el nido del Cucú’ y ‘Arte’, el director y productor Jaime Tamariz quiere repetir la dosis de humor, sarcasmo y sentido común, aunque en ocasiones no tan común, para entretener a sus guayaquileños con la obra Frankenstein.

La idea de llevar a escena esta historia nació una tarde en la que Tamariz conversaba hace unos meses con los dos actores españoles que participaron con él en la obra Arte, es decir, José Burgos y Ana Morgade, quienes también actúan en esta nueva producción del realizador guayaquileño.

“Un día estaba con Ana y José y coincidimos que una de las películas más divertidas que hemos visto es Frankenstein, de Mel Brooks, y me di cuenta que José se parecía un poco al doctor por lo loco y Ana tenía mucho de Igor”, comentó Tamariz.

Esta nueva adaptación, que contará con más de 70 artistas en escena, es la primera obra en blanco y negro que se realiza en el país. Por ello, desde esta noche y hasta el domingo 11 de noviembre será llevada a las tablas del Teatro Sánchez Aguilar, a las 20:30.

Para el montaje, Tamariz siguió varios parámetros estéticos como el impresionismo alemán de 1910, en donde el arte era algo subjetivo que dependía totalmente de su creador y se utilizaba formas simples y algo deformes con colores contrastados.

También tomó en cuenta el galvanismo, teoría de Luigi Galvani, según la cual el cerebro de los animales produce electricidad que es transferida por los nervios, acumulada en los músculos y disparada para producir el movimiento de los miembros. Este concepto se manejó en la historia original de Frankenstein.

Para ello adaptó la biomecánica de Meyerhold que busca el estudio del movimiento del cuerpo como un objeto, en donde el actor tiene la capacidad de distanciar el cuerpo y la conciencia.

Finalmente utilizó la comicidad de Mel Brooks para crear, de forma extremista, cada uno de los personajes y parodiar con la imagen que tiene el mundo de ellos. “Para mí es una de las obras más importantes que he hecho porque nos lleva en instante a nuestra infancia en donde nosotros teníamos miedo de escuchar la palabra Frankenstein y ahora al cabo de tanto tiempo nos reímos  de la misma historia”, comentó el también productor.

Sin embargo, Tamariz reconoció que la obra permite replantear el concepto del monstruo y del mismo doctor loco y sus deseos de ser aceptados por los demás.

La obra está ambientada a comienzos del siglo pasado y se desarrolla principalmente en Transilvania. En esta adaptación optamos por hacer un montaje semi-­musical con baile y canto en vivo y un formato de montaje que se hará por primera vez en nuestro país, en el que todo será en blanco y negro: los actores estarán maquillados en tonos de gris, la escenografía e iluminación se ajustarán a esa misma paleta que simultáneamente creará un efecto de cine antiguo, servirá de homenaje a las producciones clásicas, y funcionará con un dispositivo narrativo y estético.

El Dr. Frederick Frankenstein, res-petado médico conferenciante en una Universidad de Medicina estadounidense, recibe en herencia el castillo de su bisabuelo, el legendario doctor Frankenstein. El joven Frankenstein, sin embargo, ha querido mantenerse alejado de su pariente, a quien consideraba un deschavetado, por lo que se hace llamar Fronkenstín por sus estudiantes.

A pesar de esto, decide reclamar su castillo y emprende el viaje a Transilvania, donde conoce a quienes serían sus inseparables asistentes: Igor e Inga, y al ama de llaves, Frau Blucher, quien le dará al joven doctor el impulso necesario para, al igual que su bisabuelo, crear vida de un cuerpo inerte.

Lamentablemente, el cuerpo inerte era el de un criminal... y el único cerebro del que disponía el doctor era uno anormal. La criatura cobra vida y siembra terror, caos, risas y lástima en los habitantes del pequeño pueblo. La historia continúa entre enredos de palabras y de parejas y el final no deja de tener el sello del romanticismo cómico de Mel Brooks.

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