Los 8 años de ejercicio político en favor de la transformación plena
Hasta 2006 vivimos un período político complejo: la desesperanza nos habitaba por todas partes, millones de ecuatorianos habían huido al exterior, la economía navegaba en función de los intereses financieros y bancarios, toda el área social tenía un déficit histórico, la pobreza extrema crecía y nuestra soberanía estaba hipotecada y sometida a algunos organismos y políticas foráneas.
Nadie puede dudar que el Ecuador de 2015 no se parece para nada al de 2006. No solo por los indicadores sociales y económicos. En el espíritu de la gente, en el ánimo de los emprendedores y, sobre todo, en las nuevas generaciones hay otra mirada sobre su futuro. Y algo más: Ecuador es un país al que se lo respeta y reconoce, ya no es ese de las caídas y de las huidas.
Si el octavo aniversario del Gobierno actual es una oportunidad para evaluar a la nación y no solo los intereses privados, el balance siempre será positivo, por donde se mire. Hay mucho por hacer todavía, sí. Y la clave es que ese hacer es una responsabilidad de todos.
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