Mil sucesos por semana ¿y no cambiamos?

- 03 de septiembre de 2018 - 00:00

Sería una falacia decir “mil sucesos” a la semana porque definitivamente son más. La imposibilidad está en nombrar y contabilizarlos todos. Tampoco habría tiempo, mente o corazón, para digerir los eventos que nos hacen mundo. Incluso es mejor, si no caeríamos en una suerte de psicotización como sucede en el reino sin reflexión de las redes sociales.

Hay mucho de lo que no nos enteramos, sencillamente porque nuestros medios de comunicación prefieren dar importancia a lo que más vende: la novelería política. Pero pasó que una joven mujer murió en una clínica de abortos clandestinos por una supuesta mala práctica ¿Se ha planteado alguna medida fuera de la religiosa para abordar la problemática?

Crimen y delincuencia imparable: que a la autoridad de tránsito le hayan robado su vehículo, nos muestra cuán desamparados estamos. Por eso en Estados Unidos es un derecho vital que los ciudadanos tengan acceso a su propia defensa, porque el control y la vigilancia no alcanzan para mitigar la inseguridad.

¿Qué más? Por haber abandonado Venezuela, Maduro insulta la inteligencia de sus compatriotas y de toda la región. Argentina está sufriendo una gran crisis, pero los medios aún siguen hablando de Cristina. El Papa psiquiatriza nuevamente a la homosexualidad, mientras en su institución a diario aparecen nuevos casos de pederastia. En Alemania, extremistas locos de derecha están cazando extranjeros, siendo Chemnitz, solo una muestra de la xenofobia que hay en Europa; la generación nazi tiene sus descendientes y estos violan todas las leyes contra los discursos de odio que existen en dicho país y olvidando, lo que por ley está penado, el atroz holocausto.

¿Será hora de hacer algo con lo que nos duele como sociedad? Ante eso, la mejor opción es refugiarse en las malas series de tv y generar discusión a partir de ahí.

La represión es la policía que utiliza las balas contra civiles desarmados y también son las pasiones ideológicas que al final del día, estupidizan tanto como la misma tv. (O)