“Logramos que el disco sea declarado de interés nacional”

27 de junio de 2012 - 00:00

Soy Salua Gavilanes y nací en Ecuador. Pertenezco a la cuarta generación de músicos en mi familia. Me inicié en el piano desde los 4 años, de la mano de mi padre. Mi abuelo, Luis Gavilanes Díaz, fue un prolífico compositor riobambeño, cuyas composiciones fueron muy reconocidas, destacándose, entre otras, el sanjuanito “Pobre corazón”… lo que me lleva a pensar, a presentir que son muchos los que tocamos cuando yo me siento junto al piano.

Estudié en varios institutos, academias y conservatorios de Quito y terminé mi carrera en el Sergei Rachmaninov, en el que, como alumna de la docente y pianista concertista rusa Aliona Dziuba, obtuve una mención de honor.

Debuté como solista a los 17 años y  con la Orquesta Sinfónica de Cuenca, la   que dirigí aquella misma noche, convirtiéndome en la primera ecuatoriana en dirigir una Orquesta Sinfónica siendo tan joven. Guardo aquella emoción como un abrazo interminable de mi Ecuador lejano.

Hace cerca de 10 años resido en Buenos Aires. Me vi enamorada y definida en una nueva filosofía de vida, el Método DeRose/Alta performance, los conservatorios, este amor inexpresable; todo eso y mucho más para mí es esta ciudad.
Actualmente continúo mis estudios superiores en El IUNA y soy coordinadora y docente de la Sede Sarandí del taller de piano y Música “Musichicos”.

Me incorporé al Taller de “Musichicos” en 2010 y fui seleccionada entre numerosas profesionales, por su actual directora y fundadora Natalia Cháneton Takács, una clavecinista y escritora  apasionada por la educación musical.
Tengo aproximadamente 30 chicos que asisten a mi cátedra, con un esquema que oscila entre lo formal y lo despojado, posibilitando así un campo propicio para ejercer la docencia con un  alto grado de autonomía. Particularmente, encuentro en el amor la única forma de dar y enseñar.

Bajo la iniciativa de la directora de “Musichicos” y por la necesidad de profesionalizar a niños que lograron un alto nivel musical y a propósito del singular talento y alto grado de expresividad de cada uno de ellos  (pianistas de entre 7 y 12 años)  a comienzos de 2012 comenzamos a  grabar un CD.

Fue tal el grado de aceptación y festejo que tuvo la idea a nivel nacional, que el 1 de diciembre de 2011, la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación Argentina  dispuso “Auspiciar y Declarar de Interés Cultural de la Nación a nuestro proyecto Un Disco para Musichicos”.

Obviamente esto me hizo sentir desbordada de felicidad. Es tanto como abrir los ojos y estar vivo dentro de un sueño; ese de dejar en cada alumno un pedacito de mi cielo ecuatoriano, algo de mí, el halago de dormirme cada noche con la certeza de haber izado mi bandera.

En ocasiones cuando me siento al piano y abro un libro de partituras viejas, no sé por qué, pero tiendo a hacer una analogía sobre mi propia vida. Son muchos los días que han pasado desde que mi padre me sentó al piano por primera vez, hasta hoy.

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