Kingman: “Las bibliotecas de estanterías abiertas generan vínculos lectores”

- 27 de enero de 2019 - 00:00
Kingman propuso la construcción de un puente con cristal que genera vértigo en los visitantes, pero también la posibilidad de ver hacia el otro lad
Foto: Karly Torres / El Telégrafo

La arquitecta quiteña Delia Kingman estuvo a cargo del proyecto de restauración de la Biblioteca de las Artes, ubicada en lo que fue el antiguo Banco de Descuento, en pleno centro de Guayaquil.

La Biblioteca de las Artes recibió casi 3.000 personas durante su primera semana abierta. “Han llegado los vecinos del centro, estudiantes y hasta exclientes del Banco de Descuento”, dijo en una entrevista Ramiro Noriega, rector de la Universidad de las Artes.

El edificio diseñado por el arquitecto checo Karl Kohn, en los 50, ha sido restaurado para convertirse en una biblioteca, la primera de estantería abierta, en Guayaquil. A pesar de que aún no están habilitados todos los espacios, empieza a mover el centro.

El proceso estuvo a cargo de la arquitecta Delia Kingman, quien desde hace años ha trabajado en otros diseños de bibliotecas, todos de estanterías abiertas.

Antes de que le propusieran trabajar en uno de los edificios más importantes diseñados por Kohn, tenía como uno de sus proyectos de juventud proponer la restauración del edificio Casa Tosi (en la otra esquina del Banco de Descuento también diseñado por Kohn) para convertirlo en un proyecto cultural.

Kingman vio su casa rodeada de bibliotecas desde  niña por los estudios de sus padres investigadores, el antropólogo e investigador Eduardo Kingman, y su madre, Ana María Goetschel; además de la herencia de su abuelo, el escritor y periodista Nicolás Kingman.

En 2017 recorrió por primera vez el edificio que había desocupado la Superintendencia de Compañías para empezar su transformación.

El pozo de luz que diseñó Kohn estaba bloqueado, las columnas interiores habían sido cercadas con mampostería. Las gradas que hizo estaban cerradas y las primeras escaleras eléctricas del país sin mantenimiento.

Las estanterías (foto) son curvas como todos los mobiliarios que usó el arquitecto Karl Kohn en sus proyectos.

Los balcones para ver desde adentro todo el edificio también estaban cerrados. La terraza que tiene una mirada privilegiada estaba repleta de cables y la infraestructura del aire acondicionado para todo el edificio. Los planos originales, perdidos.

Kingman recurrió a Kathya, la hija de Kohn. Recorrieron juntas el edificio que ella había conocido de niña, en un intento de recordar cómo era aquello que su padre había armado en el centro de Guayaquil. Dieron con los planos del primer y tercer piso, entre los archivos del arquitecto.

Pasó horas conversando con Ramiro Noriega sobre la forma en la que este espacio debía vincularse con la ciudad. El arquitecto Mario Cueva la ayudó a montar el proyecto de transformación del espacio.

Lo primero que hizo fue dejar las plantas libres, despojar el edificio de todas las modificaciones que le habían hecho y pensar en qué necesitaba la ciudad y los estudiantes de una biblioteca universitaria, que además de enfocarse en las artes, sea para la gente.

Su primer reto para el rediseño de bibliotecas fue una propuesta de Adrián Bonilla para restaurar el diseño interior de la Biblioteca de Flacso. Para hacerlo recorrió con Bonilla y el director del espacio, en ese momento, Eduardo Puente, algunas bibliotecas de Bogotá. Obsesionada por el tema se fue a buscar espacios de este tipo en Nueva York, México y Medellín.

En el caso de la ciudad colombiana, que en los 80 fue sede del cartel que dirigió Pablo Escobar, había una apuesta para transformarlo todo con las bibliotecas.

“Habían transformado a barrios marginales que no funcionaban, que había mucho conflicto. Para mí se trataba de cómo las bibliotecas habían transformado a la ciudad , a la gente, porque acogía a niños, a jóvenes”, dice Kingman.

Con esta noción respecto al valor de las bibliotecas en un entorno social, propuso cambios en la biblioteca de la Universidad Central, en Yachay, en Bibliobus, en Ikiam.

En el caso de Guayaquil pensó en cómo el centro histórico carece de espacios culturales de acogida y abundan los espacios cerrados.

Ante eso cree que hay necesidad de incorporar sitios con apertura pública, espacios cómodos, que conjuguen con una vida popular grande y el comercio de Guayaquil.

Espacios como la Biblioteca de las Artes y el futuro Manzana 14, un centro de innovación que se inaugurará en la antigua Bolsa de Valores, llegan a equilibrar la oferta comercial de la ciudad. “Esta no es solo una biblioteca, es un pequeño centro cultural”, dice Kingman.

Agrega que la clave es crear “espacios que generen atracción, que ir a la biblioteca sea un atractivo. Que se incremente el gusto por la biblioteca, por la lectura, por otros mundos que te sensibilizan”.

En los próximos tres meses se abrirá cada 15 días un espacio de la biblioteca.

Empezarán con el archivo de EL TELÉGRAFO, luego la galería la Cuarta pared; el espacio para niños, La Ría; y la biblioteca para niños con libros del Fondo de Cultura Económica, que se llamará Miguel Donoso. Este es un espacio lúdico y serio que se abre en el centro. (I)

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