“Lazos de sangre”, una manifestación artística acerca de la esclavitud

19 de noviembre de 2011 - 00:00

Ana Mercedes Hoyos, una de las artistas plásticas colombianas más internacionales, conocida sobre todo por sus grandes cuadros de frutas tropicales, se adentra en sus últimas obras en la infamia de la esclavitud y en los sólidos lazos que amarraron a los esclavos y sus descendientes con América.

“Lazos de sangre” es significativamente el título escogido para la última exposición realizada por la artista, que se  mostrará a partir de diciembre en Cuba y muy posiblemente más adelante en México.

“Desde que me conozco, lo que más me interesa es la libertad”, afirmó Hoyos (Bogotá, 1942) al explicar  de dónde viene su interés por el tema de la trata de esclavos.

La muestra combina cuadros de gran formato en los que la artista se recrea en los lazos de los vestidos de fiesta de las niñas de San Basilio de Palenque, una comunidad formada por ex esclavos que se convirtió en el primer “pueblo libre” de América por una cédula real, con esculturas en bronce dorado de barcos negreros, cabezas de africanos y mapas de la América virreinal suspendidas del techo por grandes cadenas como las que portaban los esclavos.

Gracias a una iluminación directa en medio de la oscuridad de la sala donde se exhiben, los barcos, cabezas y mapas proyectan sombras -“dibujos”, dice su creadora- sobre las paredes, las cuales se mueven por el efecto de la gravedad.

Los barcos negreros están cortados en sección de manera que se ve cómo eran colocados los esclavos para que el largo y difícil viaje hasta América y el hacinamiento los “estropearan” lo menos posible, aunque aun así muchos morían.

En Cuba la exposición se instalará en el Memorial José Martí, de La Habana, en coincidencia con el final del Año Internacional de los Afrodescendientes, que se conmemora en 2011 por decisión de la ONU.

Los afroamericanos no le son ajenos a Ana Mercedes Hoyos desde que, en un “camino inverso” al de la mayoría de los pintores, abandonó la abstracción para, en sus propias palabras, “volver a rescatar el mundo”, lo que le acarreo mucha incomprensión de parte de otros artistas y críticos que consideraban que había “bajado la guardia”.

Sus pinturas de los “platones” (palanganas) con las frutas que las “palenqueras” venden en las playas de Cartagena de Indias fueron consideradas por algunos “un retroceso” y ella fue catalogada despectivamente como una “pintora de frutas”.

Sin embargo, lo que le acercó a esas frutas fue su atracción por el cubismo y -por extensión- por lo africano, pues es conocido que los cubistas, Picasso entre ellos, se inspiraron en el arte del continente negro.

El cubismo diferente del europeo que creó el muralista mexicano Diego Rivera a partir de Toledo, El Greco y la luz de América le produce a Hoyos una gran admiración, lo mismo que su americanismo, que para ella es el proyecto artístico del futuro.

“Al igual que hicieron los estadounidenses con el pop art, América Latina debería consolidar su propia visión del arte y la sociedad”, subraya Hoyos, quien manifiesta una cercanía con Estados Unidos y opina que los países del norte y el sur del continente deben, sin perder cada uno su identidad, empeñarse en afianzar sus relaciones.

“Para mí, un estadounidense es tan americano como un peruano”, subraya Hoyos, quien -además- destaca la importancia de que el presidente de EE.UU., Barack Obama, sea un afrodescendiente. “Es un ejemplo para el resto de América”, manifiesta.

La pintora, que ha desarrollado una buena amistad con muchos palenqueros y de manera especial con las vendedoras de frutas a las que ha retratado y a las que considera sus “comadres”, lamenta que no se reconozca el peso de los negros en la cultura y la economía de América y sean rechazados y discriminados.

De aquellos esclavos destaca cómo fueron capaces de unirse y apoyarse, dejando de lado sus diferentes orígenes, idiomas y clases sociales, para el viaje y su llegada a las nuevas tierras.
Los negros son el común denominador en América, pues están en el norte, en el centro, en el sur y en las islas, señala Hoyos.

Pese a haber estudiado y viajado por el mundo, Hoyos proclama que nunca aprendió tanto como con los palenqueros, unas 2.700 personas, separadas del mundo porque no se construyó una carretera, con tradiciones culturales africanas y una lengua criolla, mezcla del español con las lenguas originarias de los esclavos.

Según cifras de organismos internacionales, cerca de 200 millones de personas de origen africano residen en América Latina, la mayoría en la pobreza y sin pleno acceso a los derechos universales.

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