"Dolor y Gloria", una galería de Almodóvar

- 13 de junio de 2019 - 00:00
Salvador Mallo (Antonio Banderas) interpreta a un cineasta que transita sus recuerdos de la infancia, la relación con su padre y sus actores.
Foto: eldeseo.es

Antonio Banderas protagoniza la última cinta del director manchego. El personaje es un cineasta que se reencuentra con el amor y una vieja obra.

Dolor y Gloria es el título de la nueva película del director Pedro Almodóvar (España, 1949). La historia tiene como protagonista a Salvador Mallo (interpretado por Antonio Banderas), un cineasta veterano que mira hacia el pasado, a su infancia y a los recuerdos de su madre, Jacinta (Penélope Cruz en la juventud y Julieta Serrano en la vejez).

La historia tiene muchos indicios para catalogarse como autobiográfica: un encanecido director de cine, como Almodóvar, se reencuentra con la obra que lo hizo célebre en España. Además, mientras escribía el guion -ha dicho el propio cineasta- padecía dolores de espalda, como los de “Salva”.

Pero durante la escritura se distanció de su personaje, no solo por pudor sino para que la ficción se beneficie. Hay además novelas en clave, le dijo Almodóvar al periodista Andreu Buenafuente, en marzo pasado. Y aclaró: “el actor Alberto Crespo (Asier Etxeandia) también es una mezcla de otros actores”.

Las sutilezas y crueldades que se cuelan en los diálogos de Salvador con su madre joven primero, octogenaria después, son conversaciones ficticias, aunque desgarradoras. Ella llega a decirle, por ejemplo, que ha sido “un mal hijo”.

Y la tensión aumenta con Sabor, un largometraje con el que Mallo tratará de reconciliarse 32 años después de su estreno. Mejor dicho: intentará reconciliarse con su actor principal, a quien visita en su casa con la insólita propuesta de que presenten juntos una restauración en una filmoteca, en Madrid.

El reencuentro del actor con el director es insólito porque no se hablaron durante más de tres décadas. Y es también la confirmación de que el primero continúa drogándose (una de las razones por las que a Mallo no le satisfizo su papel en Sabor es que había consumido heroína). Pero termina con el debut del segundo en el consumo de esa droga.

Hace tres meses, Andreu Buenafuente le preguntó a Almodóvar si en la vida real su madre le había recriminado por su papel de hijo. Y el cineasta respondió que no, pero que se conmovió mientras dirigía debido a proyecciones más que recuerdos. El llanto del director en medio de los rodajes también fue confirmado por Banderas, en un par de entrevistas.

Salvador, de niño, es un prodigio a quien los curas no permiten estudiar como se debe por su habilidad para el canto en un coro escolar. Es un lector temprano, que empieza a enseñarle a leer a un albañil-pintor por encargo de su madre. La pintura jugará un papel importante en la elipsis entre la infancia y vejez del personaje, con ribetes de melodrama.

“Si en algún momento crees que no te sale, no llegas... y tienes que imitarme, pues tienes mi permiso (de hacerlo)”, le dijo Almodóvar a Banderas, mientras rodaban. El cineasta ha contado que fue la primera vez en que sugería ese recurso a uno de sus actores, pero no hubo necesidad de hacer imitaciones. “Antonio se impregnó”, ha elogiado el director.

Ser un obrero de la actuación y dejarse llevar como soldado raso, dejando casi de lado su trayectoria, hicieron que Salvador se erigiera como un cineasta autónomo, que no es Antonio ni Pedro, sino otro. Un personaje al servicio de la historia, del dolor y, por tanto, de su gloria.

El protagonista escucha a sus contertulios, los mira a los ojos, se consolida a través de interacciones. Se trata de un cine literario, lleno de diálogos memorables, que casi obliga a compararlo con toda la obra pasada de Almodóvar: está el dolor de Carne Trémula (1997), la ternura de Todo sobre mi madre (1999), una sexualidad más tenue que la de La Mala Educación (2004) y una gloria inédita.

Que ha sido una película libre, realizada sin miramientos a la censura, dijo Pedro Almodóvar, para quien filmar en esta época una obra como su Entre tinieblas (1983) -con aquella madre superiora narcotraficante, mujeriega y manipuladora- conllevaría “muchos problemas de distribución y de exhibición por despertar una sensibilidad que ya existía, la de sentirse ofendido en lo religioso, lo cual es malo”.

El filme ya llegó a Ecuador, está en la cartelera de Ochoymedio y Supercines. (I) 

Claqueta

Las pinturas de este filme

La impresionante colección que exhibe Salvador Mallo (Antonio Banderas) en la última película del director manchego pertenece en realidad al cineasta. Menos dos piezas, una de Guillermo Pérez Villalta y otra, más pequeña, de Maruja Mallo.

86 años tiene Julieta Serrano, la actriz que ha vuelto a rodar con Pedro Almodóvar en Dolor y Gloria.

Otros recursos pictóricos

Las frutas y desnudos femeninos en Kika (1993) o el retrato de Lucian Freud en Julieta (2016). También enfocó esculturas.

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