Tres artistas ensayan “Materia & Alegoría”

- 30 de octubre de 2019 - 00:00
Pazos diluyó un hielo con químicos para revelar fotos; “PalaMinga” hizo un cerco con esculturas de papel y Jaramillo creó arte usando desechos.
Álvaro Pérez / ET

La primera de tres exposiciones cerrará mañana en la galería No Lugar. Los artistas seleccionados fueron Andrés Jaramillo, “PalaMinga” y José Pazos.

Durante dos semanas estará abierta la muestra colectiva de arte contemporáneo “Materia y Alegoría”, en la Galería No Lugar, de San Blas. 

La exposición reúne el trabajo de los artistas visuales Andrés Jaramillo, Daniel León (“PalaMinga”) y José Pazos, luego de una residencia en que crearon sus propuestas de forma individual.

Se trata de un primer montaje, de tres programados, a partir de la “Convocatoria a Exhibiciones” realizada durante mayo y junio. La selección de proyectos estuvo a cargo de Édu Carrera R. (curador independiente) y Francisco Suárez (curador y director de No Lugar).

A lo largo de la sala principal de la galería −ubicada en las calles Vicente León y Esmeraldas− están las piezas de los artistas, a través de las cuales reflexionan sobre “la materialidad y naturaleza de los objetos, y cómo estas características se pueden re-significar para entender y relacionarse con el espacio público, el sistema del arte y nuestra cotidianidad”, ha explicado “Pancho” Suárez.

La materialidad, escultura, objetos y reciclaje interpelan a lo subjetivo en el antropoceno, sus formas de consumo y relación con el entorno.

El artista visual José Pazos (Quito, 1986) tiene un relación constante con la fotografía, análoga esta vez, puesto que recreó los efectos del cuarto oscuro en su espacio.

La realidad representada tiene que ver con la fotografía documental y periodística, que tiene “la cualidad de transportarte a otros lugares, a la vez que crea una barrera”, le explicó el artista a EL TELÉGRAFO. En la era digital, en medio de la abundancia de imágenes, Pazos creó escenas con químicos que se desvanecen con la luz.

El que se fundan en negro hace posible hablar del paso del tiempo a través de retratos como el de un oso polar que muere de hambre sobre un hielo flotante.

Un negativo del último glaciar extinto fue otro de los soportes de su propuesta. Del tamaño de Ecuador, el bloque de hielo se desprendió de la Antártida y evoca la importancia del agua en el planeta.

“Dejé de imprimir fotos en el cuarto oscuro porque se usan muchos recursos, mientras en lugares de África hay personas muriendo de sed. Y no solo ahí, sino en Armenia o Azerbaijan, que ya viven una guerra por el agua”.

Un suero lleno de químicos para el revelado gráfico pendía del techo; en el piso, una botella de la marca Güitig también contenía esos elementos de laboratorio, que usan compañías como Kodak.

Del suero, las gotas ácidas goteaban hasta un hielo seco, cuyo vapor de agua marca el paso de los segundos para que un sistema de poleas colapse hasta que un parabrisas caiga en medio de la galería.

“Después de subir al Pasochoa, en medio de una grieta de medio metro de grosor, sentí el impulso de saltar”, recordaba Pazos. “Un impulso que se relaciona con la supervivencia, el ver cómo el mundo se acaba desde una pantalla. El consumismo es como arrojarse al abismo, mientras todo colapsa”.

Más allá, el artista visual Daniel León (Quito, 1981) se presenta con el seudónimo “PalaMinga” y aborda la ficción en su propuesta estética.

“El espacio real es el del error, del fracaso”, dice frente a su “obra paralizada”, que asemeja congelar el tiempo. La escultura en papel es el soporte que usó para fabricar conos en medio del tránsito, en una suerte de laberinto invisible, cercado.

“Es como si te advirtieran que tengas cuidado con el sistema cuando este no tiene cuidado con nosotros”, suelta “Pala Minga”, que se llama así por el trabajo colectivo que hay tras cada una de sus muestras, desde 2009.

La criatura que pende −por unos cables de acero− del techo es una masa −de resina automotriz− que representa lo social, sin caudillos y en constante transformación.

Su figura femenina sirve para reflexionar sobre la fiesta y el propio feminismo, que “ha unido voluntades y sensibilidades para romper estructuras pasadas, en una especie de abrazo o danza”.

Al fondo de la sala, y en el cuarto del final, el artista visual y diseñador gráfico Andrés Jaramillo (Quito, 1984) montó la parte más colorida de esta exposición grupal.

Su proyecto se llama “Art Can Project” y consiste en el post-consumo creativo, una reutilización de los desperdicios. Un basurero con cabeza de payaso está conectado a internet. De esa forma, los espectadores pueden participar si crean una obra-reflexión con basura, la fotografían y comparten con el hashtag #NoLugarArtCan.

La página web artcanproject.com se actualiza cada 30 minutos con estas piezas, que selecciona Jaramillo. La galería virtual es valorada y ampliada a través de información disponible en ese link.

Entre los objetos recolectados hay restos de bombas lacrimógenas, que integrarían los 4,1 millones de toneladas de basura que se producen anualmente de no ser porque las añadió a su montaje. En un cuarto aparte incluyó los desechos que una familia produce en dos semanas como testimonio final. (I)  

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