Adiós a esa izquierda
Sí, adiós a esa izquierda insípida negadora de sus tirapiedras y comecandelas, hacedores de barricadas y empedradores de los caminos del actual progresismo latinoamericano, o sea se asusta del cadáver de la fiera después de haberla matado. Bienvenida esa izquierda de barrio adentro, de las parroquias montunas, de la juventud hip-hopera y de las feministas más combativas.
Adiós a esa izquierda engreída, eurocéntrica, ninguneadora de la negritud americana y que acepta de los labios para fuera a las nacionalidades indígenas. Bienvenida esa izquierda que no se esconde en el clóset y admite que lee a Carlitos Marx, al calvito ruso (Lenin), al de la boina (el ‘Che’), a Enrique Dussel, Boaventura de Sousa Santos y ha incorporado a sus lecturas, para entender esta humanidad andante del siglo XXI, a Frantz Fanon, Malcolm X, Ángela Davis solo por citar algunos imprescindibles.
Adiós a esa izquierda que inventa artificios como eso de ‘cultura popular’, ‘folclor’ y otras vainas turrísimas. Bienvenida esa izquierda que no hace historia salomando próceres, todos varones, blancos y ricachones. Adiós a esa izquierda fea en sus pareceres, aburrida en su narrativa, obrerista sin obreros, imitadora de la derecha reaccionaria hasta en las formas y pretendidamente popular. Bienvenida esa izquierda que hace de su alebrestamiento una merienda de negros; donde hay mujeres u hombres negros en la base y en la puntita de la pirámide de sus organizaciones sociales y partidistas o sea al fin entendió que algunos estamos hasta el forro del White Power y queremos el poder común de la diversidad americana y no de a mentiritas.
Adiós a esa izquierda que le importa un carambolí no entender la situación actual del progresismo de América latina y obtener lecciones para mejorar este presente de renovación histórica del sistema político, es decir, para qué diablos se predica, pronostica y se anhela el socialismo (con cualquier apellido: bolivariano, comunitario, del buen vivir. O a secas). Bienvenida esa izquierda para nada anchetosa, afrentosa y estrambótica, que se aproxima, en lo que puede, a la conducta austera de ‘Pepe’ Mujica y de Fidel.
Adiós a esa izquierda que se ufanó de ‘científica’ y sin querer (o queriéndolo) anda enredada en unos ‘dogmas de fe’ y le teme a las cosas no académicas y a los saberes ancestrales. Bienvenida esa izquierda que sabe cuándo la calle está dura y es solidaria hasta con el último de sus militantes, porque aprendió que el partido no es una argolla ‘pata-amarilla’. Adiós a esa izquierda que arría banderas que la hicieron humanista en todos los tiempos, a esa izquierda que cree que el internacionalismo cimarrón (o proletario) es trasto político del pasado. Bienvenida esa izquierda que no esconde su pluralismo izquierdista y conversa sin sudores fríos o con sobaquina de angustia con guerrilleros de las FARC, elenos, zapatistas, miristas, comunistas añejos, emepedistas, socialistas y correístas de país. Esa izquierda es bienvenida. (O)
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