¿Y si achicamos la Asamblea?

- 13 de julio de 2020 - 00:00

A menudo me pregunto si la capacidad legislativa y fiscalizadora de la Asamblea se vería afectada si reducimos su tamaño a la mitad. Después de todo, cuando escasea el dinero, menos es siempre más.  Y todos esos asambleístas salpicados por diezmos, carnés y otros pecados merecen irse a sus casas.

El récord de ausencias es vergonzoso, el volumen de leyes aprobadas es modesto y el nivel de fantochería es inmenso. No hay lumbreras, no destacan los patriotas, y me sobran los dedos de las manos para rescatar a los buenos. Obviamente no me siento representado por este parlamento de escándalos y mediocridad.

Y como si todo esto fuera poco, en mayo figuraban en nómina 1.371 personas incluyendo a servidores legislativos, asesores y 137 asambleístas. Para este año se aprobó un presupuesto cercano a los $ 53 millones; la mayoría irá al pago de sueldos.

¿Han hecho méritos los inquilinos para ganarse la antipatía nacional? Sí. ¿Hay que reducir el tamaño de la legislatura? No.

No es culpa de la institución que los ecuatorianos nos empeñemos en elegir tan mal. No es culpa de la Asamblea que los partidos y movimientos la irrespeten constantemente nominando a expirados dirigentes de antaño, a fugaces personalidades de pantalla o a guitarristas aficionados. La culpa no es del cuerpo y sus órganos, sino de los parásitos que la habitan.

Lo que amerita no es una reducción sino una purga, y exigir calidad y trabajo. Uno de los puntos a favor de la representación distrital es la cercanía que se procura entre los candidatos y el electorado. Y ese votante debe tener en cuenta, la próxima vez que se pare frente a una urna, si estuvo bien representado o no en estos años.

Se debe nutrir la representación. En Estados Unidos hay una campaña para robustecer el Congreso porque hay aproximadamente un legislador cada 700.000 habitantes. En Ecuador el promedio es de uno por cada 125.000. Guatemala, con una población similar a la de Ecuador, tiene 160 diputados.

Es popular echarle la culpa a la Asamblea, pero no es posible endosarle todas nuestras desgracias. Me temo eso sí que, si la próxima generación no levanta cabeza, el poder legislativo podría ser refundado nuevamente. Y habremos perdido otra vez dos recursos que no nunca sobran: tiempo y dinero. (O)

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