Míster Google el buscador
Hace ya varios siglos que triunfó la doctrina de derechos naturales. En un punto la idea de que esos derechos correspondían a un ser humano se distorsionó, originando la creencia de que las empresas eran personas con iguales potestades. En consecuencia, muchos Estados poderosos crearon leyes e instituciones para proteger a la propiedad y a las empresas, olvidando los derechos humanos.
EE.UU. se ha posicionado como el país insignia de la libertad de empresa, comercio y competencia. Convencidos que negocio y competencia son hechos naturales, el Estado -según se dice- estorba poco y deja que las empresas se desarrollen sin restricciones, para que crezcan o mueran por insuficiencia competitiva. En ese marco, no son tolerables las zancadillas “antinaturales” con el fin de consolidar monopolios entre aliados.
Un caso emblemático sucede actualmente: el Departamento de Justicia de EE.UU. ha interpuesto una demanda contra Google, empresa que da servicio de búsqueda de información por internet, aparentemente gratis, ganando, sin embargo, inimaginables cantidades de dinero. Al googlear miles de usuarios reciben publicidad específica programada por algoritmos, que permiten identificar los gustos de los potenciales consumidores.
Se argumenta que la zancadilla anti competencia es el acuerdo con la industria productora de teléfonos Apple, programados deliberadamente para acceder a un solo motor de búsqueda. El meollo del asunto no es solo una guerra comercial internacional, sino también el monopolio del mercado de la publicidad, que deja por fuera a viejas empresas de radio, televisión y prensa.
El propósito de la demanda sustentada en la Ley Sherman, revela la esencia de la cultura capitalista norteamericana. El objetivo de la misma es lograr que Google reparta el negocio de publicidad y que Apple reparta el negocio de las aplicaciones para motores de búsqueda.
Como se ve, la acción jurídica no tiene como propósito amparar los derechos humanos, ni proteger a la sociedad de la manipulación psicológica sin precedentes, que se realiza mediante la publicidad invasiva, destinada a convertir a los individuos en consumistas seducidos:
-¡Plisss¡¡¡, míster Google, sigue regalándonos el servicio gratis de búsqueda de información, pero sin propaganda ni publicidad, y pide que tus competidores hagan lo mismo: eso sí sería libertad. (O)
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