Las nuevas realidades
¡Qué duda cabe! Ya no somos los mismos, los tiempos han cambiado, dejan huellas perceptibles de las cosas que fueron, y que ya no retornan, como la paz a las mentes, como la tranquilidad a las calles, como la intimidad sin espías, como la sensación de vulnerabilidades varias.
Y no son meros enunciados, en algunos casos se perfilan estos cambios a partir de hechos que los estamos viviendo y que implican una especie de nuevo reparto o de profundización de estilos que pensábamos que era muy difícil que se reproduzcan o imperen, como la intervención del gobierno norteamericano en Venezuela, que tiene difícil pronóstico o tal vez uno que no queramos ver.
En otros casos, sentimos como poco a poco se va vulnerando nuestro ser interior, lo que hacemos y aún lo que pensamos, con el imperio de la inteligencia artificial, aquella omnipresencia que todo lo sabe y que va acumulando esos conocimientos hasta que ya no queda detalle por conocer y hasta puede predecir nuestros comportamientos futuros.
La vulnerabilidad y la violencia se transforman en algo que todos los días nos dice de nuevos ataques, o porque ocurren guerras y enfrentamientos nuevos en alguna parte o región del planeta, o porque esas violencias se desatan en nuestro propio entorno, con secuelas de dolor y de miedo, lo que impide el desarrollo de las actividades habituales y nos deja un sabor de sangre en el paladar.
No es necesario mencionar los lugares ni tampoco a los protagonistas, sabemos que, en algún lugar, cada vez más cercano, alguien cae atacado por las balas o los puñales, alguna honra es destrozada, alguna mente maquiavélica produce escalofríos aún en los más pequeños.
Las voces aparecen, alguna mano guía al corrector o traductor, nuestra voluntad tiene poco que hacer frente al avance de las tecnologías.
Sin embargo, si queremos conservar la cordura, el ser mismo de la humanidad, tal vez algunos antídotos puedan hacerse presentes: la capacidad de los seres humanos de recrearnos a nosotros mismos, el cultivo de los valores, la vigencia de la ética en un mundo absurdamente desquiciado.
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