La chicana
La chicana no es otra cosa que una artimaña o astucia de mala fe utilizada por abogados para eludir una sentencia justa o causar obstáculos al proceso legal y es considerada una obstrucción a la justicia, una herramienta deleznable que se aleja de las buenas prácticas profesionales, que no es usada por nosotros los abogados formados a la luz de la ética, pero muy propia de aquellas y aquellos que poco o nada les importa, y que como diría la abuela de la casa, si conciencias vemos, que comemos.
Y es que la chicana como artificio que irrumpe con el principio de buena fe y lealtad procesal está siendo usada en uno de los procesos más emblemáticos que investiga al crimen organizado y sus tentáculos en las estructuras del Estado ecuatoriano como herencia de un proyecto político que sembró violencia, me refiero al MAGNICIO DE FERNANDO VILLAVICENCIO.
Todos los ecuatorianos están convencidos de que hubo crimen, y ese crimen arde, duele, avergüenza. Y está esperando que llegue el día en que hablen los que deben hablar, un día en que el valor y la dignidad se sobrepongan al temor, un día en que sea posible establecer nítidamente el crimen, sus orígenes, sus hilos, el rostro de los victimarios intelectuales.
Y es que hay ciertas verdades que deberán mantenerse en tinieblas para siempre, decía la abuela de la casa, pensamiento que nos lleva una vez más a tomar partido por la verdad en el proceso que investiga el óbito de Fernando Villavicencio, a quien ni en la muerte pese haber recibido una cristiana sepultura para que descanse en paz, lo está logrando porque en aras de la defensa se lanza mierda con ventilador y en ese afán de confundir a una sociedad que tiene una verdad a medias.
Y a medias porque la justicia ya condenó a unos y no a todos ya que algunos murieron en su ley, llevándose el secreto a la tumba, y así se pensaba que se cerraba el circulo del crimen, porque como dice la sentencia popular, en boca cerrada no entran moscas. Sin embargo, desde la lógica de ese tipo de crímenes se sabe que detrás del gatillero está quien manda y eso está aclarado porque fueron sicarios los que dispararon la bala asesina en la humanidad de Fernando Villavicencio. Y por eso es que, desde lo humano, desde lo íntimo sus hijas están bregando por encontrar la segunda verdad: ¿quiénes mandaron a matar?
A ver si como roncas, duermes, puesto que roncar, en este dicho se usa para decir mucho ruido, alharaca, ya que en medio de la investigación y a las puertas de cerrarse el proceso hemos visto que la defensa de los procesados ha armado sus propias narrativas para deslegitimar la investigación fiscal, pretendiendo confundir a los ciudadanos a través de las redes sociales, esa suerte de pasquín cibernético y con el uso de la chicana.
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