El pecado social
Es la referencia a aquellas estructuras históricas, económicas, sociales, las cuales se han levantado a costa de la humillación, la opresión, la violencia sobre las mayorías; haciendo de estas ingentes grupos humanos empobrecidos. Hablar de pecado social tuvo una alta significación en los años en que la Teología de la Liberación, acertadamente buscó comprender y actuar sobre los males sociales que afectaban, precisamente, a esas mayorías desposeídas.
Hoy en día no es común escuchar de pecado social, sin embargo, la fuerza de la Teología de la Liberación está presente porque da explicación, respuesta a los grandes males humanos y naturales; y es desde ahí que invoca a que los creyentes, como es la mayoría de ecuatorianos y latinoamericanos, a no ser contemplativos frente a los males del prójimo; de ese prójimo que tratamos con indiferencia. La metodología de la Teología de la Liberación: ver, juzgar y actuar fue clave en la toma de consciencia de los movimientos sociales, indígenas en América Latina. Fue clave para hablar de liberación en tiempos no solo de opresión material, de escasez, sino en el bienestar y la comodidad. La lucha contra el pecado social es un objetivo de los que creen en un ser supremo pero actúan en consonancia ética por el bien común. Esa lucha contra el pecado social ha sido la lucha por el reconocimiento, por los derechos de todo tipo; por la valorización de la vida frente al capital. La noción de pecado social tiene una dimensión compleja porque denuncia a las estructuras del capitalismo como al ser humano capitalista. Denuncia el conformismo de los grupos que, mejorando su nivel de vida, se olvidan de quienes aún viven en pobreza, sea material o espiritual. Una revolución social entre sus formas es una lucha contra ese pecado social del capitalismo que violenta la dignidad de la humanidad y de la naturaleza y que fuerza a que todo se mercantilice y se prostituya. Que profana no solo las creencias sino los valores éticos de la vida pero sobre todo que profana al ser político. Una revolución socialista en América Latina no puede estar alejada de quienes profesan una fe; por el contrario, debe reconocerse en esa sociedad, en ese pueblo de tal modo que sus fines de alcanzar una sociedad de justicia, equidad sea el ejemplo, el testimonio fiel de la bondad que radica en el hombre y que este no es un simple ser salvaje destinado a competir y poseer a otros hombres como pregona el liberalismo del libre mercado. Por eso no luchar contra ese pecado social es una actitud inmoral cómplice de la opresión capitalista. La liberación social no es una tarea de corto plazo, inmediatista, sino una revolución permanente que requiere diversos modos de organización política, comunicacional, etc., con eficiencia y eficacia para evidenciar lo que el ser humano puede construir con racionalidad junto a la naturaleza eso sí sin esencialismos milenaristas ni pragmatismos descarnados que configuran la política del oportunismo.
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