Más violencia, menos esperanza
La peor tragedia del Ecuador no es solamente la violencia. Es habernos acostumbrado a ella. Hace apenas una década, escuchar sobre sicariatos, vacunas o coches bomba era algo ajeno, propio de otros países que se desenvolvían en graves conflictos internos. Hoy esos episodios son pan del día, puesto que ya no sorprende enterarse de niños y jóvenes desaparecidos, ver guardias armados en todo tipo de espacio público y privado, padres con miedo de dejar salir a sus hijos, universidades y otras instituciones convertidas en bunkers o negocios quebrando y cerrando por extorsión. El miedo, algo otrora excepcional, se volvió rutina.
Ecuador cerró 2025 con una de las tasas de homicidios más altas de la historia reciente, se registraron 9216 homicidios intencionales, alcanznado una tasa de 50,9 muertes por cada 100.000 habitantes; en 2026 se registra una ligera baja marcando entre enero y abril 49 casos por cada 100.000 habitantes. Lo cierto es que detrás de las estadísticas hay algo de fondo, un desgaste emocional que mina la esperanza colectiva. La violencia no solo mata, desaparece y secuestra personas; también destruye la confianza, modifica hábitos, trunca sueños y transforma la manera en que una sociedad se relaciona y desenvuelve.
La gente prefiere salir menos, desconfía del desconocido y aprende a callar. Muchos emprendedores y comerciantes sobreviven resistiendo en silencio la extorsión. Familias enteras se ven empujadas a migrar no por ambición ni ante un escenario prometedor, sino por cansancio y ahogo. Ante esto, lo más peligroso es que comenzamos a normalizarlo todo. El secuestro se convierte en una noticia más, macabros asesinatos asustan unas pocas horas en redes sociales antes de diluirse entre memes y escándalos políticos.
¿Acaso hemos desarrollado una especie de resignación nacional? Y cuando un país se resigna, pierde la esperanza. La violencia prospera cuando la sociedad se acostumbra al miedo, porque el miedo paraliza, divide y hace que cada ciudadano sobreviva por su cuenta, quebrándose cualquier idea de comunidad o futuro compartido. Ecuador necesita lograr resultados provechosos en los diversos operativos que se realizan, policía e inteligencia eficientes, y cárceles como lugares de ultima ratio que devuelvan a la persona a la sociedad convertida en un ciudadano rehabilitado y productivo. Pero también necesita recuperar la capacidad de indignarse y escandalizarse, no hacerlo significará perder el país.
