Cinco cubanos prisioneros
Ante las múltiples denuncias y protestas que a nivel mundial se han hecho respecto de la injusta condena de Antonio Guerrero, Fernando González, Gerardo Hernández, Ramón Labaniño y René González, parecería que a la fecha hay un conocimiento general de los hechos que determinaron su apresamiento, más allá de la cortina de silencio impuesta por el aparato jurídico estadounidense.
Sin embargo, un gran número de personas ignora que los cinco cubanos fueron apresados por defender a su país, de la permanente agresión que los círculos revanchistas de Miami maquinan contra Cuba. Con enorme sacrificio, incluso de sus lazos familiares, se infiltraron en las filas de los enemigos de la Revolución y lograron desbaratar algunos planes terroristas. Es eso lo que no perdonan esos círculos. Se consideran burlados por estos valientes ciudadanos que no se han doblegado ante lo absurdo y brutal de sus condenas y que, por sobre todo, como dijo en estos días René González en el programa de Walter Martínez en Telesur, mantuvieron su dignidad en todas las circunstancias.
Los procesos judiciales que se les abrieron serán, algún momento, en las propias universidades de Estados Unidos, ejemplo de una írrita aplicación de las leyes. Desde el inicio se los aisló en diferentes centros carcelarios, en las más duras condiciones; se eligió la Corte en Miami, donde era imposible conseguir una actuación imparcial y justa. Pese a las pruebas presentadas por los brillantes abogados que los han representado, fueron declarados culpables de espionaje y condenados a prisiones que partían de 18 años a perpetuas por dos vidas.
Hubo una siniestra confabulación develada por destacados juristas y medios de prensa del país del norte. Al momento, dos de los prisioneros se encuentran ya en su patria, gozando del abrazo cálido y agradecido de su pueblo. Pero, mientras todos no estén en libertad, los cinco se consideran tan prisioneros como sus compañeros que resisten con firmeza la venganza de la extrema derecha del exilio.
Al haberse agotado todas las instancias judiciales, tiene la palabra el presidente Obama para que, en un acto de grandeza histórica, repare esta enorme injusticia cometida en el país que se proclama paladín mundial de la libertad. Hay que mover la conciencia del mundo hasta conseguir que se haga realidad lo que escribió uno de ellos el 11 de febrero de 2010: “…Tu amor me impulsa, tu amor me colma de luz, ¡oh Patria!, vendrá el regreso y el beso tuyo que nos espera…”.
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