Ecuador / Viernes, 13 Febrero 2026

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Las armas nucleares

La proliferación de armas nucleares ha sido una especie de espada que ha pendido sobre la humanidad, desde la aparición de estas, cuyo uso puso fin a la segunda guerra mundial, luego de que dos bombas nucleares fueran arrojadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

A lo largo del siglo XX se dieron momentos muy complejos y delicados, sobre todo durante la guerra fría, cuando la entonces Unión Soviética enfrentaba a los Estados Unidos y parecía que la paz mundial estaba seriamente amenazada.

En la actualidad no solo Estados Unidos y Rusia tienen en su poder armas nucleares, las poseen otras potencias mundiales, aunque no en número y en el poder que las tienen los países mencionados. Sin embargo, la capacidad de usar armas nucleares es cada vez más extendida y hay el riesgo de que se desarrolle en manos de países como Irán y Corea del Norte, lo que constituye una amenaza mundial, dada la beligerancia de sus líderes.

Por ello nos preocupa que no haya sido renovado el tratado que de alguna manera morigeraba la proliferación de armas nucleares y abogaba por la transparencia y establecía mecanismos de verificación, que, de cierta forma hacían que exista tranquilidad respecto del aumento de esas armas y la posibilidad de ser usadas.

Si bien hay varios países que poseen armas nucleares como China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y posiblemente Corea del Norte, hasta ahora se ha mantenido una especie de equilibrio, que puede ser roto, cuando ha dejado de existir el tratado de control de armas nucleares denominado New Start, que fue firmado en 2010 por Barack Obama y Dimitri Medvédev.

La carrera armamentista nuclear ha arrancado nuevamente y puede tener impredecibles consecuencias para el mundo, dado el poder devastador de esas armas que han sido perfeccionadas y que garantizan su letal efectividad destructiva inclusive a grandes distancias, combinadas con la tecnología de los drones, la capacidad de aparecer como fantasmas indetectables con las consecuencias que ellas implican.

La inestabilidad y los temores se adueñan nuevamente del mundo, los arsenales se ponen al día, países que habían pugnado por el desarme como Japón y Alemania, ahora hablan de volver a armarse, países que manifestaban una neutralidad a toda prueba ahora no lo son, países que llamaban al equilibrio, sienten que su piso se ha venido abajo y que por lo tanto deben procurar sus propios mecanismos de defensa.

Esa inquietud perfora los mercados, hace que se deje de pensar en otros problemas cruciales como el cambio climático y la lucha contra la pobreza extrema y que los presupuestos se destinen a esa carrera armamentista de la que hemos hablado.

Hay que luchar porque la cordura impere en el mundo, porque los líderes mundiales presten oídos a las necesidades de sus pueblos y que prime un sentido de humanidad y de solidaridad que, por ahora, parece tan alejado del visor de las potencias globales.

 

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