200 años de nuestra Independencia
En este mes glorioso recordamos la consagración de la Independencia de las provincias de la Real Audiencia de Quito, sellada en la Batalla del Pichincha, acontecimiento militar en el que las fuerzas coaligadas libertadoras al mando del general Antonio José de Sucre, triunfaron sobre las fuerzas realistas, en las faldas de un coloso de los Andes.
Los sudamericanos liberales maduraron sus proyectos libertadores después de 1814, cuando el absolutismo español inició la “reconquista” de las colonias americanas, cerrando toda posibilidad a que el gran imperio se transformara en una unidad constitucional, bajo una gobernanza mixta. Otra sería la realidad, si una forma política democrática hubiera acompañado la unidad del mundo hispanoamericano, con pies pluriculturales y lengua matriz latina. Otro sería el destino de la globalización capitalista, contrapesada por una deriva humanista resistente al espíritu enajenador del mercado.
Frente a la arremetida del absolutismo español, el espíritu americanista nutrió la fuerza de los ejércitos libertadores, liderados por criollos, quienes triunfaron en Sudamérica movidos por el sueño de la conformación de dos grandes estados liberales, lo suficientemente fuertes para enfrentar al sistema económico mundial. Simón Bolívar y José de San Martín son las figuras descollantes de ese proceso.
Derrotadas las fuerzas realistas, los antiguos reinos coloniales emergieron y dieron lugar a sistemas confederados o a regímenes unitarios. En todos los casos las provincias fueron las unidades básicas de la conformación de las nuevas repúblicas. También las antiguas unidades territoriales fueron protagonistas en la formación del Ecuador en 1830.
¿Qué debemos celebrar? Por supuesto, la existencia de Ecuador, uno de los estados más pequeños complejos, maravillosos y diversos, que sin embargo no ha alcanzado la democracia basada en la ciudadanía, ni la igualdad. ¿Qué debemos lamentar? El no haber impulsado suficientemente a la unidad de la nación americana, con el propósito de fortalecer un humanismo cultural y político, capaz de limitar al capitalismo salvaje global, que nos carcome.
Gracias querido Sucre. Te recordamos por tu ética militar, tu alma buena y tu amor a la patria grande. Lo diste todo. Te quedamos debiendo. Los niños te esperan, nosotros estamos llenos de desesperanza.
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