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El Telégrafo
Mauricio Riofrío Cuadrado

Intolerancia y memoria

20 de marzo de 2022 - 00:00

Hace un tiempo, un torero de profesión y un anti taurino por convicción, se propusieron caminar juntos ochocientos veinte kilómetros por la vía férrea desde Durán hasta San Lorenzo en Esmeraldas, transitando por la ruta del tren en la Serranía.

El reto no tendría más importancia de la que puede suponer el esfuerzo físico de dos jóvenes aventureros atravesando poblados y montañas; sin embargo, cobra un significado especial porque implica la convivencia durante algunos días y noches, de personas con pensamientos e inclinaciones absolutamente diferentes y esto es lo trascendente, el probar y comprobar si las mentalidades son suficientemente maduras y sólidas para crear nexos, extender manos y arrimar hombros, desde la diversidad y el antagonismo. 

El torero con la mochila repleta de una cultura y tradición secular de muchos pueblos y el anti taurino con la visión de renovación y cambio cargado de post modernismo, los dos con el objetivo de encontrar el significado de la tolerancia, desde el respeto y la aceptación que se tiene hacia opiniones, creencias, sentimientos o ideas de otros, incluso cuando difieren de las propias.

Gran ejercicio de diálogo, óptima manera de gritar al mundo el anhelo de paz y libertad que tenemos los seres humanos, más allá de nuestras formas de ver y entender el mundo, sin acoso, sin insultos, sin prohibiciones, abriendo espacios de entendimiento.

La tolerancia a la diversidad de ideas es un principio inalterable que no está en discusión, que implica además la admisión y aceptación de individuos de todas las razas, religiones, posturas filosóficas y credos políticos que son muestras de esa amplia gama del pensar y sentir humano, obviamente esa admisión y aceptación debe sujetarse respetuosamente a la legalidad, ceñirse estrictamente al ordenamiento jurídico, lo cual en la historia de nuestro país es tristemente infrecuente, verbigracia el reparto indiscriminado, entre gallos y medianoche por parte de 99 asambleístas, de amnistías a quienes ultrajaron a la ciudad de Quito y sembraron terror y miedo en la ciudadanía.

Entre cabildeos y negociaciones, haciendo gala de una aviesa estrategia, se han transformado delitos comunes en delitos políticos, sin una valoración jurídica ni constitucional, tan solo la consideración de mezquinos intereses particulares y partidistas.

Frente al crimen y la ilegalidad no hay tolerancia que valga y Quito debe pasar la factura a políticos y partidos que votaron por el terrorismo de octubre, porque las reflexiones de Cicerón, luego de muchos siglos, cobrarán vigencia en las próximas elecciones, porque "...el que sufre, tiene memoria..." y porque "...el YO no existe sin el NOSOTROS...".

Propongo erigir en las calles aledañas a la Asamblea Nacional, un monumento a la auténtica honorabilidad y verdadera inteligencia, así no quedará ninguna duda que están fuera del recinto legislativo.

La placa de excepciones, que confirman la regla, deberá ser entregada a muy pocos.

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