Enero no dura más, pero el cerebro insiste en lo contrario
Enero tiene 31 días, los mismos de siempre. Sin embargo, millones de personas juran que dura el doble. La ciencia no respalda la conspiración calendárica, pero sí ofrece explicaciones desde la psicología de la percepción del tiempo, la neuroquímica y el comportamiento humano. La respuesta no está en el calendario, sino en el cerebro.
El reloj interno también se cansa
Especialistas en psicología coinciden en que los humanos somos notoriamente malos para calcular el tiempo de forma subjetiva. Nuestra percepción temporal cambia según estímulos, emociones y hábitos. Factores como la cafeína, el estado de ánimo o el nivel de actividad pueden hacer que una tarea pase volando o se sienta interminable.
Aburrimiento, el verdadero villano de enero
Una de las teorías más citadas proviene de Zhenguang Cai, investigador en percepción del tiempo de University College London. El especialista sostiene que enero se siente largo porque resulta comparativamente aburrido frente a diciembre.
“Después de semanas llenas de celebraciones, enero nos deja con la impresión de que el tiempo se detuvo”, explicó en una entrevista con New Statesman.
Enero llega sin fiestas, sin feriados, sin puentes y con exceso de trabajo. Oficinas se ponen al día, escuelas retoman clases y la rutina cae sin anestesia.
Dopamina baja, tiempo lento
La neurociencia también aporta una pista clave. La dopamina, neurotransmisor asociado al placer, la motivación y el entretenimiento, influye directamente en cómo sentimos el paso del tiempo.
Más dopamina, tiempo rápido.
Menos dopamina, tiempo espeso.
En enero hay menos estímulos gratificantes. Se acabaron las reuniones, los viajes y las celebraciones. El resultado: menos dopamina y una sensación generalizada de lentitud.
Cuando mirar el reloj lo hace avanzar más lento
Otra teoría, planteada desde la Universidad de Tel Aviv, señala que el tiempo se percibe más lento cuando es relevante. Es decir, cuando lo observamos.
Enero es el mes de los propósitos, los horarios estrictos y la autoexigencia. La gente mira el reloj para:
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Ir al gimnasio
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Cumplir metas
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Llegar al trabajo
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Sobrevivir a la semana
Mirar el tiempo lo hace más pesado. Exactamente como mirar el microondas mientras calienta.
El meme también tiene la culpa

El periodista Jason Murugesu agrega un factor moderno: el contagio digital. Mientras más repetimos que “enero es eterno”, más lo sentimos así.
Los memes no acortan el mes. Solo refuerzan la idea colectiva de que estamos atrapados en él.

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