"La violencia siempre se ceba con los más vulnerables"

La catedrática española confirma que el encierro en los hogares a causa de la pandemia exacerbó el número y la intensidad de la violencia. También ha limitado a las víctimas el acceso a las herramientas para su protección.
25 de mayo de 2020 00:00

En Ecuador la violencia intrafamiliar no ha cesado durante el aislamiento, como en muchos países de la región. Gemma Lorente Martín, docente de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR), expuso a  El TELÉGRAFO sus consideraciones frente a esta problemática y alertó sobre la necesidad de reforzar los mecanismos de ayuda a las víctimas.

En dos meses los jueces atendieron 2.469 denuncias de violencia de género. ¿Qué dicen estos números?

Los números no son solo cifras, sino que son mujeres con nombre y apellido que están siendo víctimas de violencia hacia ellas por el hecho de ser mujer y con esa sensibilidad y compromiso hay que analizarlos.

En esta situación que nos está tocando vivir de confinamiento, el estrés por la incertidumbre y los problemas económicos, sociales, políticos y por supuesto sanitarios derivados del covid-19, hacen que la tensión que una mujer puede vivir habitualmente dentro del hogar se vea incrementada. Esto, junto con tener que pasar más tiempo con su agresor por no poder salir del hogar hace que se generen mayores situaciones de violencia intrafamiliar.

¿Cuáles son los indicios que reflejan violencia?

Los golpes suelen ser los indicios más visibles de la violencia de género, pero hay muchos tipos de violencia sobre la mujer menos visibles y que  no por ello hacen menos daño, como la violencia psicológica, la violencia económica, la violación y la violencia contra la libertad sexual de la mujer, la violencia vicaria, donde se usa a los hijos para hacer daño a la mujer o la privación de libertad usando como excusa el confinamiento.

La violencia de género nunca viene de forma individual, es decir, cuando una mujer ha recibido un golpe, normalmente ha recibido también tratos vejatorios, se ha intentado mermar su capacidad de reacción y su autoestima y se mantiene sobre ella una privación de libertad para denunciar a su agresor y poder salir de esa situación.

¿Puede exacerbarse la violencia en el aislamiento social?

Sí. El aislamiento social no solo puede incrementar el número y la intensidad de la violencia hacia la mujer,  sino que además se da también algo de máxima importancia: dificulta el que la mujer víctima pueda acceder a los instrumentos y recursos de ayuda que en estas situaciones deben ponerse en marcha para ayudarla a salir de esta situación.

¿Cómo evadir la violencia en este encierro preventivo?

Este encierro preventivo sin lugar a dudas dificulta mucho que la víctima de violencia pueda evadirse de actos de violencia hacia ella. Por eso ahora más que nunca se hace necesario reforzar los mecanismos de ayuda como el de las llamadas de emergencia, donde especialistas en esta materia ayuden a la mujer, o  los sistemas sanitarios donde la mujer pueda ser recibida sin ser cuestionada ni juzgada, sintiéndose en todo momento acompañada en la salida de esta situación.

Asimismo, se hace necesario también el compromiso de cada uno de nosotros por velar por aquellas mujeres que sepamos o creamos saber que pueden encontrarse en esta situación de violencia. Ahora más que nunca la responsabilidad que tenemos todos y cada uno de nosotros por erradicar la violencia contra la mujer se hace necesario y debe ponerse en práctica.

¿Cómo es posible evitar que los niños y adultos mayores presencien estas situaciones?

El trabajo que hay que realizar para erradicar la violencia hacia la mujer debe llevarse a cabo teniendo en cuenta que en muchas ocasiones los niños y los mayores también son víctimas de violencia.

La violencia se ceba siempre con los más vulnerables y dependientes. El objetivo del agresor es mermar a la víctima, ejercer sobre ella poder y limitar su capacidad de decisión. Si la víctima de por sí (por ser un menor o una persona mayor) es vulnerable en este sentido, el agresor sentirá que sobre ellos puede ejercer también su “poder” a través de la violencia.

De hecho, si la Ley para Prevenir y Erradicar la violencia contra las mujeres de Ecuador incide tanto en la importancia de la familia, es precisamente porque existe una preocupación y por tanto un compromiso en erradicar también la violencia que sobre niños y mayores se ejerce dentro de la violencia intrafamiliar.

¿Cómo calmar los ánimos en un conflicto familiar?

Ante todo, en una situación de violencia, hay que acompañar a la víctima y defenderla de su agresor.

Existen numerosos especialistas que ayudarán a la víctima a salir de una situación de violencia mediante apoyo psicológico, residencial, económico, etc., pero debemos pensar que en muchas ocasiones la primera persona que tiene contacto con la víctima puede no tener esos conocimientos, lo cual no quita que nuestra predisposición y nuestra ayuda no sean necesarias.

Así, en primer lugar hay que refugiar física y psicológicamente a la víctima de su agresor y denunciar la situación de violencia para que aquellos que tienen mayor formación y recursos puedan seguir los cauces necesarios para poner en marcha los mecanismos y protocolos de ayuda a la víctima.

¿Hay que esperar a que se produzca un ataque físico para hacer la denuncia?

No. El ataque físico en muchas ocasiones viene precedido de ataques psicológicos (“tú no vales nada”, “¿dónde vas a ir sin mí?”, “quién te va a creer, te van a tomar por loca”, “lo hago porque te quiero”, “si me denuncias agredo a tus hijos”…).  Los económicos (¿cómo vas a mantenerte sin mí?). Es decir, la violencia más visible es la violencia física, pero la violencia invisible es la más difícil de denunciar y por eso la que debemos ser más conscientes de ella y debemos saber detectar.

¿Por qué se cuestiona a la mujer que denuncia a su pareja cuando es agredida?

Ojalá una esposa o cualquier mujer nunca fuese cuestionada al denunciar a su pareja o a su agresor, sea cual sea la relación que tenga con él (sentimental, laboral, social...). Por desgracia aún son muchos los que juzgan a una mujer que es víctima de maltrato porque existen muchos mitos en torno a la violencia de género.

Pero ni el agresor tiene derecho a agredir ni la víctima tiene por qué no poder denunciarle, porque la sociedad o la cultura, algunos sanitarios, jueces o medios de comunicación hagan sentir a la víctima que es la causante de esa agresión.

La sensibilidad y la educación en violencia de género son cada día más necesarias. No podemos mirar a otro lado mientras una sola mujer sea víctima por el hecho de ser mujer, por ser considerada por ello como inferior al hombre.

Cuando una mujer es cuestionada a la hora de denunciar, no solamente estamos apoyando al agresor y reforzando la discriminación hacia la mujer, no solamente estamos dificultando el que esa mujer y muchas otras tengan miedo a ser cuestionadas y no denuncien, sino que lo más preocupante es que estamos convirtiéndonos en agresores de esa víctima, pues estamos privándola de su libertad y de los mecanismos de protección.

Una sociedad que cuestiona a sus víctimas difícilmente podrá erradicar la violencia contra la mujer o cualquier persona en situación de vulnerabilidad.

¿Cómo califica a la violencia intrafamiliar y de género?

En 1945, la ONU ya expresó su preocupación por la discriminación que a nivel mundial sufría la mujer respecto al hombre, centrando desde entonces su trabajo en tres ejes fundamentales: paz, desarrollo e igualdad.

La paz, que en un primer momento estaba más enfocada en la paz en zona de conflicto o situaciones bélicas, pronto pasó a ser tratada como la paz en el día a día, es decir, en la violencia que la mujer sufría en su día a día por el hecho de ser mujer, por los roles asociados a su condición femenina.

La violencia de género, por tanto, se entiende como toda violencia hacia la mujer basada en los roles, impidiendo gravemente que la mujer goce de derechos y libertades en igualdad respecto al hombre. Dentro de la violencia de género es importante tener en cuenta los tipos de violencia de género “tradicionales”: violencia física, psicológica, económica o sexual; pero también los “nuevos” tipos de violencia (nuevos no porque no existiesen antes, sino porque ahora se ha visto la necesidad de trabajar sobre ellos): los micromachismos, la violencia vicaria, obstétrica o el ciberacoso.

Sobre violencia intrafamiliar, sin embargo, entendemos la violencia que se ejerce dentro de la familia, pudiendo ser víctima la mujer pero también los menores, mayores, personas dependientes o cualquier integrante que haya dentro de la familia. En muchas ocasiones la violencia de género encierra diferentes tipos de violencia intrafamiliar encubiertos.

Se hace necesario trabajar desde la familia como espacio donde se eduque en igualdad, en corresponsabilidad y en respeto hacia la mujer. La familia es la mejor escuela donde se pueden reforzar estos valores que después transmitiremos a la sociedad como integrantes que somos de ella.  De nada nos servirán marcos legales, instrumentos o mecanismos contra la violencia si cada uno de nosotros no educa, sensibiliza y actúa contra esta lacra. Debe ser un compromiso de todos hacia las mujeres y niñas. (I)

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