“Te voy a quitar a tus hijos”

- 16 de febrero de 2020 - 00:00

Muchas lectoras se sentirán identificadas con Rosario. Algunas entenderán el odio, uso y abuso de la justicia por parte de sus parejas, debiendo soportar la ceguera de jueces impávidos frente a la violencia contra la mujer.

En sociedades donde la violencia contra la mujer se ha naturalizado se suele decir que si el padre maltrata a la madre se trata de un conflicto entre padres. Me pregunto si los niños y niñas testigos de esa violencia son o no víctimas.

Rosario, una mujer trabajadora que conozco, me contaba su historia en medio de lágrimas. Ella ha tenido que escuchar esto en cada audiencia a la que acude.

Hace dos años, su marido, Pedro, destrozó los muebles de su hogar. No era la primera vez que lo hacía,

Pedro solía ser violento, rompía los objetos de la casa, rayaba las paredes. A ella y a sus hijos los martirizaba a veces con sutiles formas de amenazas, a veces con gritos y golpes.

En ocasiones, Pedro apretaba el cuello de Rosario en la oscuridad de la noche mientras ella dormía e intentaba asfixiarla. Una vez fue sorprendido por su hijo y la culpó a ella de “provocarlo”.

Hace dos años Rosario se atrevió a denunciarlo. Acompañada de la Policía, logró que su esposo abandonara la vivienda, bien de su propiedad, y se registrara la destrucción de su casa.

El odio y la venganza se apoderaron de Pedro. Bajo la amenaza de “te voy a quitar a tus hijos”, inició una batalla legal.
Incluso cuando se probó dentro del proceso -mediante un certificado médico- que Pedro requiere tratamiento psiquiátrico debido a su comportamiento violento, una jueza de Violencia, motivando su resolución en las normas que garantizan a las mujeres una vida libre de agresiones, entregó el acogimiento familiar del hijo mayor de Rosario a su padre.

Con esto el niño fue arrancado del seno materno y fue apartado, además, de su hermano menor y de sus amigos del barrio.

A partir de ese momento Rosario debió enfrentar denuncias contravencionales, denuncias por violencia, denuncias en contra de sus parientes, demandas de alimentos, tenencia, paternidad, proceso administrativo en junta de protección de derechos, entre otros.

Han pasado dos años de esto, y no solo que hemos denunciado el abuso del sistema de justicia, pues ha interpuesto varias denuncias falsas y demandas en las diversas unidades judiciales, sino que es claro que se ha contado con una psicóloga particular que ha emitido informes parcializados, sin lógica y que contradicen el criterio de más de diez profesionales que han intervenido en este caso.

Durante todo este tiempo, el niño fue separado de su madre. Rosario no sabía en qué colegio estudiaba, no podía visitarlo, no participaba de ninguna actividad de su hijo.

Su expareja, hábilmente, rehuía a las citaciones en el juicio de visitas y alimentos iniciados por ella. Y cuando ya Rosario estaba por darse por vencida, llegó un primer informe psicológico en el proceso de acogimiento familiar donde se detectó alienación parental.

Después de un sinfín de argucias llegamos a la audiencia de revocatoria de medidas y se dispuso dejar al niño en manos de su padre, ordenando visitas y terapia para el retorno del niño al hogar materno.

Durante los seis meses siguientes, Pedro bloqueó el régimen de visitas ordenado y retiró a su hijo de las terapias aduciendo, nuevamente, otra denuncia contra la madre.

Pero cada informe psicológico de seguimiento emitido por la oficina técnica evidenciaba la manipulación, destrucción de la imagen materna en el niño, aislamiento e interferencia de pensamientos de su padre.

Después de una auditoría psicológica al proceso, y en medio de otras batallas legales, Rosario logró recuperar a su hijo a través de una sentencia que identificó la alienación parental como una forma de violencia psicológica y maltrato, que, en este caso, ejercía el padre con su hijo; sentencia que dispone visitas reservadas y tratamiento para el padre.

A la par, Rosario logró probar la existencia de violencia psicológica en su contra y se formularon cargos contra Pedro, quien debe presentarse en fiscalía una vez por semana.

A la fecha, Rosario tiene a su cargo el cuidado y protección de sus dos guaguas, pero debe enfrentar un nuevo juicio de tenencia, en el que, gravemente, el juez que lleva la causa ha suspendido la audiencia y no ha permitido el testimonio de seis psicólogos de la Unidad Judicial que emitieron informes.

Frente al caso, durante más de dos horas este juez intentó convencer a las partes para que llegaran a un acuerdo dentro de una mediación, lo que evidenciaba su falta de entendimiento del problema.

Cuando la defensa de Rosario citó la violencia psicológica de su expareja en su contra, el juez pronunció el muy conocido: “Ese es un conflicto entre los padres”.

La violencia intrafamiliar, los golpes y la aniquilación emocional no es solo contra la mujer en la violencia intrafamiliar. Los hijos son las víctimas silenciosas que soportan la presión, el llanto y el horror.

“Te voy quitar a tus hijos” es una frase muy común cuando quien se va no ha superado la ruptura. Es una frase que perturba y que da cuenta de que quien la esgrime para dañar al otro no tendrá límites.

Muchas lectoras se sentirán identificadas con Rosario. Algunas entenderán el odio, uso y abuso del sistema de justicia por parte de sus parejas, debiendo soportar la ceguera de jueces impávidos frente a la violencia contra la mujer, que pretenden “mediar” en donde no es posible hacerlo.

Este caso debe ser analizado por legisladores, administradores y operadores de justicia para evitar que se repita, pues, repasando a Willy Brandt, diría: “Permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen”.

Y debe llegar un momento en el que realmente, como sociedad, abogados y jueces estemos dispuestos a proteger a las víctimas. (O) 

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