Uno de cada tres niños recibe leche materna en el primer semestre

02 de diciembre de 2012 - 00:00

Andrea Toledo dio a luz a su primer hijo a los 18 años, y cuando empezó a dar de lactar a su bebé descubrió que tenía exceso de leche en sus pechos. Ante ello, decidió llenar biberones con la leche sobrante, lo cual, a la larga, le resultó útil ante un problema de salud inesperado.

“Días después de que nació el mayor de mis hijos, sufrí de mastitis -infección del tejido mamario-. Al principio tenía tanta leche que el bebé no avanzaba a tomarla. Pero debido a ello, los residuos taparon los conductos de la leche y no me salía ni una gota. Por suerte, había guardado la leche sobrante pensando en una primita que iba a nacer y pude alimentar a mi hijo”.

La comerciante, hoy de 29 años, explicó que su hijo, a quién alimentó con su leche durante año y medio, adelgazó en los primeros días que no pudo alimentarlo. “Fue horrible ver que mi bebé lloraba porque no podía darle de lactar”, recordó la mujer.

Tras ello, según Toledo, en su segundo embarazo tuvo la precaución de extraer por completo la leche de ambas mamas. Comentó que entregaba biberones llenos al departamento de neonatología de una entidad de salud. “Había muchas personas en las otras habitaciones de la Clínica de la Mujer que no tenían leche y sus bebés lloraban. Entonces daba biberones llenos a las enfermeras”.

Andrea afirmó que lo más importante para ella siempre fue la alimentación de sus tres hijos desde que nacieron. Pese a las discrepancias entre ginecólogos y enfermeras, ya que -según comentó- los primeros priorizaban la lactancia, mientras que las segundas anteponían el descanso de la nueva mamá.

Por su parte, Rocío Caicedo, responsable de Nutrición Infantil del Ministerio de Salud Pública (MSP), coincidió en que la leche materna debe ser el único alimento durante los primeros seis meses de vida. “La influencia de la leche materna es enorme y es exclusiva durante el primer semestre de vida. A partir del séptimo mes, la lactancia debe ser complementada con otro alimento, conforme a su desarrollo”.

Asimismo, Caicedo enfatizó que una vez transcurridos los seis meses de edad, la inclusión de alimentos debe ser progresiva y de acuerdo con el nivel de maduración -por ejemplo el tener o no dientes-. Agregó que, por lo general, a partir de los ocho meses, el bebé puede consumir proteínas.

Sobre el tiempo de lactancia, la experta aseguró que es de suma importancia por un período mínimo de dos años. También aclaró que el límite de lactancia de doce meses, como se conoce comúnmente, es erróneo. “Nunca se ha dicho que solo el primer año es de lactancia y que al segundo ya no. Esto es totalmente errado. Se lo debe alimentar a los dos años o más, dependiendo de la posibilidad de la mamá”.

En el caso de las mujeres trabajadoras, el artículo 4 de la Ley Orgánica para la Defensa de los Derechos Laborales, establece que “durante los doce meses posteriores al parto, la jornada de la madre lactante durará seis horas, de conformidad con la necesidad de la beneficiaria”.

Según datos de Unicef, uno de cada tres niños recibe lactancia materna exclusiva en sus primeros seis meses de vida en el Ecuador. Por esta razón, Michel Guinand, oficial de Políticas Públicas de Salud y Nutrición de la Unicef, destacó la responsabilidad de los empleadores y de la sociedad para reflexionar sobre los riesgos que implica no dar de lactar. “Es más complicado para la mujer poder combinar sus roles en lo profesional y familiar. Por eso deben existir  políticas públicas que se cumplan. La sociedad debe conocer sobre la importancia de este tema”.

En los casos como el de Andrea, sobre el exceso de leche, se recomienda extraer la leche sobrante en biberones  y colocarlos en la congeladora. Cuando llegue el momento de dar el biberón al bebé, es necesario calentar la leche a una temperatura tibia. Caicedo enfatizó que la leche puede permanecer en refrigeración por un período máximo de 15 días.

Por otra parte, Guinand destacó los aspectos positivos y negativos de la lactancia materna, tanto para el bebé como para la mamá. “Entre los principales beneficios para el bebé, se destaca el estar protegido de enfermedades y crecer sano, de acuerdo con su peso y talla. Para la mamá, la prevención del cáncer de mama, osteoporosis, incluso la disminución de peso. En el lado contrario, el niño en un futuro tendría bajo rendimiento escolar y se cansaría rápidamente”.

Expertos en salud y nutrición coincidieron en que, a nivel mundial, más de un millón de vidas podrían ser salvadas si se practicara correctamente la lactancia materna.

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