Las emergencias de tercer nivel, como un derrame cerebral, son derivadas a hospitales de las ciudades

Un subcentro en zonas rurales atiende hasta 35 pacientes al día

- 16 de octubre de 2014 - 00:00
Los médicos atendían a los pacientes, mientras se realizaba la jornada de limpieza en los consultorios en el subcentro de Salud de Progreso. Foto: Pilar Vera / El Telégrafo

Las emergencias de tercer nivel, como un derrame cerebral, son derivadas a hospitales de las ciudades

Son las 07:00 y la fiebre del bebé de Jomaira Quimí continúa igual que en la noche anterior. Los llantos y quejidos del pequeño de 1 año preocupan a su madre, por lo que acude al subcentro de Salud más cercano.

Camina unos metros de distancia desde su casa hasta la unidad médica ubicada en la parroquia rural de Guayaquil Juan Gómez Rendón o más conocida como Progreso. Aquí también llegan personas de los recintos Caimito, Sabana Grande, Mamey, Puerto Sabana y San Lorenzo.

La espera de Quimí se prolonga hasta las 08:00, que inicia el horario de atención del subcentro. Ya han pasado unos minutos desde que el reloj marcó las 09:00 y la mujer, de 25 años, continúa entreteniendo a su pequeño con juegos y meciéndolo en sus manos.

Es jueves y también día de minga. Los 10 médicos que trabajan en el subcentro tomaron la iniciativa de hacer una invitación a la comunidad para que colabore con la limpieza del sitio, pero en esta ocasión nadie  hizo caso al llamado, excepto un niño y su madre.

Pese a la jornada de higiene, las actividades no se detienen. Los médicos continúan atendiendo aunque el flujo de pacientes es menos al de otros días. “Se atiende hasta las 17:00 y, generalmente, llegan hasta 35 personas al día”, según el director del subcentro de Salud Progreso, Luis Piloso. Este número de pacientes es el promedio en otros subcentros rurales. En las tardes parte del equipo visita cada casa para captar a pacientes que no les gusta visitar a los médicos, pero que presentan situaciones de riesgo, como obesidad.

Si bien los subcentros están cerca de los hogares rurales, sus servicios a veces no son suficientes. Al menos así lo establece un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), indicando que hay desigualdades en el acceso a los sistemas de salud.

Actualmente, el 30% de la población de las Américas no puede tener acceso a la atención debido a razones financieras, según cálculos de la OPS, y el 21% se ve impedido de buscar atención por las barreras geográficas, es decir vive en zonas rurales muy alejadas.

La organización asegura que los sistemas de salud de muchos países no están bien dotados para satisfacer las necesidades de su población por la escasez de personal capacitado, especialmente en las zonas rurales y remotas, ya que se enfrentan con retos continuos para garantizar el acceso a medicamentos.

En el 53° Consejo Directivo de la OPS celebrado en Washington, EE.UU., se planteó una hoja de ruta para generar un avance progresivo en materia de salud y entre otras cosas acordaron “mejorar la organización, la gestión y la eficiencia de los servicios de salud usando modelos de atención que se centran en las necesidades de personas y las comunidades”.

¿Qué ocurre en el país?

Carlos Cirino León, de 75 años, recuerda que los continuos dolores en su cuerpo lo alertaron de una fuerte infección en las vías urinarias.

Para comprobar el diagnóstico se realizó exámenes fisiológicos, pero al no contar con un área de laboratorio en la casa de salud, tuvo que viajar al centro médico de Posorja donde sí había la atención que necesitaba.

En el subcentro de Progreso solo hay atenciones para las especialidades de medicina general, obstetricia, odontología, pediatría y también un área de vacunación.

Al ser un centro de atención primaria tipo A solo se atienden consultas externas, aunque “no están exentos como casa de salud a recibir emergencias” por lo que se atienden solo las de menor complejidad. “Han llegado pocas emergencias como derrame cerebral y se hace lo que más se puede; estabilizar la presión arterial y enviarlos a Guayaquil. Ese tipo de emergencias es de tercer nivel, es decir de un hospital que tenga equipos para hacer tomografías, exámenes de laboratorio, etc.”, explica Piloso.

La transferencia es gestionada por una “hoja referencial” y con ese documento el paciente asiste a una consulta de especialidad, como cardiología. “Cuando es una emergencia de otro nivel y no puede ir por sus medios se llama a la ambulancia y se consigue un cupo para que el paciente pueda ser atendido”, señala el director del subcentro.

Las emergencias también ocurren en sectores rurales de Manta, como San Lorenzo, El Aromo y Santa Marianita, donde se levantan subcentros de Salud tipo A o primarios. El número de pacientes a diario también se acerca a los 35. Paula López, habitante de Santa Marianita (Manta), destaca que en caso de tener un enfermo en su familia acuden al subcentro y reciben la atención necesaria.

La asistencia es en medicina general y odontología. Para López, una de las falencias de este subcentro es que sus instalaciones son pequeñas. Queda dentro de la escuela ‘Héroes del 10 de Agosto’. Eso sí destaca que las instalaciones han sido arregladas y presentan una mejor imagen con relación al pasado. De existir un paciente complicado, las personas de la zona acuden al hospital Rafael Rodríguez Zambrano, en el sur de Manta. Esta casa de salud queda a 15 minutos de Santa Marianita.

Uno de los problemas del subcentro de San Lorenzo es la falta regular de electricidad. María Rivera comenta que ella no ha tenido inconvenientes, pero cuando ocurre  acude al dispensario del Seguro Campesino en Las Piñas.

Lourdes Chávez, jefa del Distrito de Salud N° 2, que cubre Manta, Montecristi y Jaramijó, explica que en los subcentros tipo A se atienden problemas diarreicos, respiratorios, de parásitos y se controla a pacientes diabéticos e hipertensos.   

La funcionaria expresa que se trabaja en la territorialización y la reorganización de servicios. “Lo que se busca es mejorar la infraestructura física de los centros con la oferta de servicio para dar mayor acceso”. Esto es precisamente lo que recomienda la OPS.

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