Recortes en la conservación ambiental afecta selva brasileña

- 15 de octubre de 2017 - 00:00
Un conservacionista voluntario tiene una bolsa llena de tortugas recién nacidas cerca de Volta do Bucho, en la región del Amazonas Occidental.
Foto: AFP

El programa de protección iniciado en 1997 tiene entre sus protagonistas al arapaima o paiche.

Seis días antes de lo previsto, Benedito de Souza removió la arena buscando el nido de tortugas arrau que semanas atrás había escondido de los predadores. Tan oculto estaba que demoró en encontrarlo y, cuando lo hizo, lo sorprendió una desbandada de decenas de crías.

Durante la sequía, el marrón y serpenteante río Purus, en el sur de la Amazonía brasileña, retrocede y deja al descubierto vastas playas donde miles de tortugas desovan cada año.

Desde las embarcaciones se pueden ver sus huellas, un rastro que los cazadores aprovechan y que obsesiona a De Souza. “Son como mis hijos”, afirma emocionado, mientras improvisa un saco con su franela para recoger a los frenéticos reptiles, los primeros de la estación.

Este líder comunitario hizo su primer curso ambiental en 2007 y custodia las riberas junto a otros vecinos de la reserva Médio Purus durante la estación de cría, entre junio y noviembre.

Las tortugas arrau, que miden hasta un metro, aún no tienen clasificación de amenazadas, pero “de hecho, lo están”, aclara Roberto Lacava, director del Programa de Quelonios de la Amazonía del Instituto Brasileño del Medio Ambiente (Ibama), que protege especies en peligro.

Con apenas veinte funcionarios para ocho estados, el programa depende de voluntarios en el estado Amazonas, con mayor territorio que Perú.

Aquí se insertan los vecinos de Médio Purus, que desde 2014 perdieron apoyo económico del Ibama. Viendo la actividad ilícita como más rentable, algunos voluntarios entrenados aprovecharon sus conocimientos para transformarse en traficantes. (I)

 

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