La ayuda psicológica es necesaria para pacientes diabéticos

- 15 de diciembre de 2018 - 00:00
Cuando a una persona se le detecta la enfermedad, además del tratamiento médico es necesario que un psicólogo evalúe al paciente.
Foto: cortesía Steveen Pincay

Salir de una consulta médica con la mala noticia de sufrir una enfermedad crónica, genera malestar en cualquier ser humano. Así se sintió Jacqueline cuando supo en abril pasado que tenía diabetes tipo II.

Lo mismo le ocurrió a Aracely Basurto, hace 23 años, cuando se enteró de que su hija padecía de diabetes tipo I. El diagnóstico y el padecimiento posterior hicieron que cree Fuvida, una organización sin fines de lucro que gestiona donaciones para ayudar a quienes están enfermos con este tipo de diabetes.

Ellas forman parte de las estadísticas desalentadoras en Ecuador donde este mal es la segunda causa de muerte.

En 2016 se registraron 4.096 fallecimientos por diabetes. En esa estadística se detectó que son las mujeres quienes más la padecen.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta enfermedad pasó de afectar a 108 millones de personas en el mundo a 425 millones en 2018, de las cuales el 8,5% tiene más de 18 años.

El índice de mortalidad directa por diabetes fue de 2.2 millones de muertes en 2012 y un estimado de 1.6 millones en 2015. La negación a estar sufriendo la enfermedad es el inicio de un proceso psíquico que sufren las personas diabéticas.

La psicóloga clínica Irma Serrano Palma reconoce esto como el primer choque con la realidad, pues al sufrir de una enfermedad crónica se debe aprender a vivir con esto durante toda la vida.

Aunque la parte médica es la más importante en el control de la enfermedad, el aspecto psicológico también tiene relevancia.

Se deben tratar 3 aristas: la parte cognitiva donde se le explica al paciente sobre la enfermedad, el por qué debe cambiar su estilo de vida.

Además, enseñarle a tratar con las situaciones de crisis, a comunicarse con su medio; es decir, cómo debe comportarse ante la nueva forma de ver la vida. También es importante saber manejar las emociones ante la enfermedad.

Esta psicoeducación no solo debe hacérsela con el paciente enfermo, sino también con su entorno, los familiares que están de manera más cercana a ellos. (I)  

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