Profesora Carolina Espinoza narra su experiencia de enseñarle a niños sin Internet

- 11 de junio de 2020 - 17:29
Foto: Cortesía

Todas las tardes Carolina Espinoza, de 40 años, recorre en su bicicleta varios barrios del cantón Playas en busca de los estudiantes que no pudieron conectarse a las clases virtuales que imparte por las mañanas.

Para su protección al salir de casa Carolina usa mascarilla y gafas. También lleva consigo una pequeña pizarra acrílica, marcadores y algunos juegos de las fichas pedagógicas, reproducidos en su vieja impresora.

Sin importar el sol y las polvorientas calles llega hasta los hogares de niños para impartir sus clases bajo medidas de protección.

Desde hace dos semanas que emprendió esta iniciativa más de 13 niños de séptimo y quinto año de básica, de la Unidad Educativa Juan Bautista Yagual de Playas, que no tienen acceso a Internet, la reciben con alegría.

No hay abrazos, y cuando nota que un niño no tiene mascarilla, le facilita una confeccionada por ella. No ingresa a las viviendas de sus alumnos sino que da clases afuera, para mantener el distanciamiento.

Espinoza asegura que es gratificante verlos emocionados cuando llega en su bicicleta. “Me agradecen que los vaya a buscar, pero para mí no hay mejor paga que su sonrisa. No me podía permitir que se queden sin estudiar y se atrasen. Ellos tenían que estar al mismo nivel que los demás niños que pueden conectarse”.

Relata que la iniciativa de acudir a los domicilios para llevar el material y explicarlo surgió luego de conocer las distintas problemáticas por las que atraviesan las madres de familia para que sus hijos participe en las clases virtuales. “Muchas mamitas me decían que no tenían dinero para hacer recargas o si lo hacían los niños se quedaban sin comer. Otras me decían que el vecino les había cambiado la clave. Fue muy duro escuchar todo eso” .

Carolina asegura que pese a la oposición de su propia familia, no dudó en responderles: “No se preocupen ni gasten, que yo llegó hasta sus casas”. “Me decían que me iba a enfermar, que no salga, pero para mí este era el momento para ayudar a los niños que más lo necesitan porque ellos son los que me van a recordar”, confiesa.

Cecibel Chacho, madre de una menor, considera que la labor de la profesora es un ejemplo a seguir. “Más docentes deberían sumarse. A mí me ayudó mucho porque mi hija no podía conectarse. Ahora ella entiende la tarea y puedo ayudarla”. 

Las visitas que hace a domicilio Carolina Espinoza han permitido que tres estudiantes con discapacidad de su curso reciban clases. Entre los alumnos que tiene se encuentra una menor con síndrome de down, una niña que no escucha ni habla y un niño con discapacidad intelectual.

Reconoce que aunque el trabajo es complejo con estos grupos busca la formas de impartir la educación. “Los docentes nos hemos tenido que reinventar las formas de dar clases. A ellos les llevo impresos dibujos de caritas felices, tristes, enojadas para que ellos señalen cómo se sienten y según lo que escojan pregunto por qué están así”.  En ellos -dice- el uso de tablet los ayudaría en su aprendizaje. "Sería muy bueno si alguien los ayuda". (I)

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