La educación en los primeros años del infante: ¿con libertad o reglas?

- 13 de junio de 2019 - 18:35
Al momento, Semilla-Ser y Crecer cuenta con siete alumnos. Las inscripciones están abiertas todo el año.
Foto: Danny Mera | et

Otras pedagogías conquistan a padres, quienes buscan que sus hijos estén más cerca de la naturaleza y la creatividad. En ellas no hay deberes ni lecciones, solo se debe jugar.

Para Libia Pérez, madre de León, de 3 años, la educación de su hijo es algo primordial; por ello, siempre supo que esta debía ser diferente y alejada de lo convencional. Sin deberes ni reglas pero en contacto con la naturaleza.

De esta manera llegó al proyecto educativo autogestivo Semilla-Ser y Crecer, cuya enseñanza se basa en la pedagogía Waldorf, la cual le permite al menor aprender del mundo que lo rodea y sin estar dentro de un aula de clase, 'en la que se cultiva el respeto y agradecimiento hacia las personas, la tierra y la vida'', explica la guía Daniela Escobar, quien estudió este método en Argentina.

Este espacio, que acoge a niños entre 3 y 6 años, tiene dos guías educadoras. Fue creado en 2016 por siete familias -entre nacionales y extranjeras- que buscaban otra clase de educación en Guayaquil. Aquí no hay directores ni jerarquías, todo se decide por asambleas.

Los pequeños Amaru, Benjamín, Silvestre, Bruno, Eva, Flora y León acuden de 08:30 a 13:30, a desarrollar su interés por el arte, la música y las artes plásticas. Así los lunes y viernes tienen clases de cocina, y martes, miércoles y jueves realizan excursiones por 2 horas al cerro El Paraíso.

Daniela, quien también se ha capacitado en distintas pedagogías alternativas, dice que la Waldorf tiene una visión más integral, espiritual y artística del crecimiento. ''Los niños trabajan en esa triada: hacer, sentir y pensar; es decir, manos corazón y cabeza''.

Lola Chávez, también guía en Semilla-Ser y Crecer, vivió este proyecto como una experiencia propia, ya que su hija -quien actualmente tiene 8 años- ingresó a este espacio cuando tenía 4 años. Chávez comenta que fue una práctica enriquecedora.

''Mi hija extraña a Semilla, por eso trato de traerla una vez a la semana. Ahora ella es parte de la educación tradicional, aunque le costó al principio adaptarse, pero ya se acostumbró'', comenta.

Lola confiesa que al principio fue cuestionada por su propia familia, por tener a su hija bajo este método. ''En realidad la gente se pasa cuestionando pero no se da la oportunidad de conocer nuevas pedagogías más que todo porque cada niño es diferente''.

Aunque no tienen ninguna vinculación con el Ministerio de Educación (MinEdu), este proyecto se rige bajo un calendario escolar, empiezan clases en abril y lo culminan en enero del siguiente año. Luego entre febrero y marzo tienen un vacacional que no solo está abierto para los estudiantes, sino para quien desee también integrarlo.

Las inscripciones en Semilla-Ser y Crecer se encuentran abiertas todo el año, se debe pagar matrícula y pensión de 150 dólares, lo que ayuda a sustentar el proyecto. ''Los niños pueden venir a un proceso de socialización durante dos semanas; durante ese tiempo, sus padres los pueden acompañar. Luego ellos decidirán si quieren pertenecer o no a este proyecto''.

Educación tradicional 
La psicóloga y orientadora familiar Marcia Tabando Espinoza explica que cuando un padre accede a inscribir a su hijo en esta clase de pedagogía debe estar consciente de que la enseñanza será diferente. ''Deben tener una mente abierta, que busquen una educación singular para sus hijos, regida en el arte y la naturaleza''.

La doctora detalla que por experiencia propia conoce de cerca el trabajo de estas unidades educativas o proyectos que se adaptan a esta enseñanza. Su hijo culminó la etapa escolar en una entidad educativa en las afueras de Loja, donde se enseña la pedagogía Montessori.

''Cuando terminó la escuela y le tocó ir a un colegio que no tenía esta pedagogía, le costó integrarse, pero luego no hubo problema; por eso, la confianza y estabilidad emocional que transmitimos a nuestros hijos es importante y son la clave para los nuevos retos'', dijo.

Acerca del sistema educativo ecuatoriano, la especialista opina que no se tendría que restringir al niño, solo darle libertad pero con respeto; ''que se aprendan a respetarse a ellos mismos y también a los demás'', advirtió.

La educadora Elizabeth Peñafiel Jarrín explicó que la libertad que se profesa dentro de estas pedagogías va creando reglas. ''Mientras cantan, juegan o se les lee un cuento se les va enseñando a fraccionar (matemáticas) y a tener curiosidad por el lenguaje'', detalló.

La profesora con más de 25 años de experiencia en escuelas fiscales y particulares, cree que en los primeros años de educación y escolaridad, es bueno este aprendizaje, pero lamentablemente muchas familias ecuatorianas no tienen ese empoderamiento y responsabilidad en la educación de sus hijos.

''Una educación con libertad es excelente, pero en chicos sin hábitos de estudio y sin control en casa, no resulta muy conveniente; peor, si los padres salen a trabajar y no pasan en casa todo el día''.

La maestra reconoce que si bien los niños aprenden jugando, un momento ideal sería hasta los cuatro años, luego de esto hay que combinar con normas de estudio que no sean tan estrictas, pero donde aprendan a reconocer letras y números.

Este diario trató de hablar con un representante del Ministerio de Educación (MinEdu), para que nos aclare cuáles son los pro y los contra de adaptar en la educación ecuatoriana esta pedagogía, pero hasta ahora no hemos recibido ninguna respuesta. (I)

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