Cuatro mujeres paren al día en libre posición

- 06 de abril de 2019 - 00:00
En la sala de parto hay colchonetas, pelotas de goma, barras de acero y una silla holandesa que permite elegir la posición en la que alumbrará la mujer.
Foto: Miguel Castro / EL TELÉGRAFO

El servicio está disponible en el Centro de Salud Francisco Jácome desde 2015. El parto humanizado permite el apego y lactancia precoz del neonato.

Tatiana Monserrate, de 32 años, recuesta su cuerpo pesado sobre una mecedora para calmar su dolor y tranquilizar la ansiedad que siente. 

Tiene nueve meses de embarazo y volverá a ser madre después de 11 años del nacimiento de su última hija. Pero en esta ocasión ella decidirá en qué posición alumbrará a su tercer bebé y qué familiar (esposo, madre o suegra) la acompañará en ese momento.

En la sala de parto del centro de Salud Tipo C, Francisco Jácome del Ministerio de Salud, no hay luces blancas, sino unas muy tenues.

En las paredes color rosa,  los rostros de mujeres de diferentes etnias se contrastan con una imagen de la naturaleza que brinda tranquilidad a las pacientes y las hace sentir como en sus casas. 

La sala, a diferencia de un quirófano, está equipada con colchonetas en el piso, pelotas de goma, barras de acero y soportes de las que cuelgan telas. Lo que más llama la atención de Tatiana al ingresar es una silla holandesa que permite parir sentada.   

“Para mí todo es sorprendente. Antes me subía a una camilla y esperaba a que me colocaran un suero para que dilatara. En mis primeros partos sentía que me ahogaba”.

La obstetra Alexandra Mite explica que las embarazadas tienen la libertad de decidir en qué posición alumbrarán: de lado, en cuclillas, boca abajo o sentada.   

Añade que la verticalidad favorece al mejor descenso del recién nacido, reduce el sangrado y, además, el desprendimiento de la placenta es más rápido.

Otro de los beneficios es el apego precoz del bebé a la madre, así como la lactancia. Además tendrán menor dolor en el posparto.

Desde 2015, este centro oferta el servicio a las gestantes; hay ocho obstetras que las asisten en las labores.

Mite reconoce que el parto se fue deshumanizando y se hizo a la conveniencia del profesional. “Ahora nosotros somos expectantes y todo el trabajo lo hacen ellas. Tienen que aprender a escucharse y tienen libertad para expresar su dolor, silban, gritan, pujan”.

Para esto son sensibilizadas desde la consulta externa porque el parto humanizado va más allá de la etnia. “Tenemos indígenas, afros y mestizas mayormente”.  

Leslie Heras, administradora técnica del centro de Salud, dice que a diario se realizan cuatro partos en libre posición.

María José V., de 17 años, decidió parir de forma vertical por segunda ocasión y no acostada como lo hizo con su primer embarazo. “Fue todo más rápido, tuve a mi bebita en mi brazos enseguida y mi esposo la pudo cargar”.

Recuerda que la primera vez que su madre la acompañó tuvo el privilegio de cortar el cordón umbilical de su segundo hijo. (I)  

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