La niña de las volantes venció la necesidad con perseverancia

- 15 de septiembre de 2019 - 14:44
Foto: Miguel Castro

Sandra Chiquito empezó a trabajar a los 13 años para ayudar a su familia. Su vivencia y la de otras dos mujeres la inspiraron a tener su negocio. está nominada a “mujer de oro” en el área empresarial.

Sandra Chiquito Jaramillo tenía 18 años de edad cuando tuvo su primer trabajo formal. Era ejecutiva de ventas de la Agencia de Publicidad Cromo Ecuatoriana, ubicada en el centro de aquel Guayaquil de 1981, lleno de comerciantes informales, entre ellos mujeres a quienes compraba maquillaje y otros productos de belleza.

Como aquellas vendedoras, Sandra también había experimentado necesidades que la motivaron a trabajar en espacios públicos aún adolescente. Era la quinta de nueve hermanos y tras la muerte de su padre, su mamá le dijo que no podía seguir solventando sus estudios. Lejos de aceptar la advertencia buscó alternativas laborales fuera de horas de clase. “A los 13 años trabajaba entregando en los peajes las hojas volantes que me proporcionaba (el astrónomo) don Eloy Ortega, donde anunciaba horas y fechas para que el público observara la Luna, las estrellas y los eclipses”, recuerda Sandra, hoy con 56 años. Paralelamente, desde los 15 laboró para diversas marcas en la Feria Internacional de Durán.

Una mujer de trabajo

Esas actividades que realizó hasta que se graduó y cumplió la mayoría de edad formaron su carácter perseverante y aguerrido. En busca de mejores oportunidades llegó a otras dos agencias: Véritas y McCann Erickson. Así solventaba sus estudios de Publicidad y Mercadotecnia en la Universidad Laica Vicente Rocafuerte.

En ese ir y venir de trabajos por el centro de la urbe Sandra palpó una realidad que, sumada a su experiencia en la adolescencia, la marcó y se convirtió en su inspiración. Fue testigo del crecimiento de Laura Arteaga (Pelucas y Postizos) y Gloria Saltos (Almacenes Gloria Saltos), a quienes compraba sus productos en los puestos de venta del Guayaquil de los 80.
Su relación con los medios de comunicación la llevaron a la Gerencia de Ventas del grupo radial Radial Corrousel y de otro que tenía las radios Latina, FM.89, Élite y Patín, donde su perfil destacó por su capacidad para conseguir importantes pautas comerciales.

La relación que afianzó con las agencias de publicidad y los clientes de aquellas radios donde laboraba fue clave para decidirse a comprar Élite cuando su exempleador la puso en venta en 2009. “Si emprendía este negocio no sería muy difícil. Tenía confianza y credibilidad ante mis clientes. Además ya no quería estar en una empresa con un sueldo, quería algo más y ese fue el objetivo”.
Sin embargo, al principio fue difícil. “Pagaba letras muy altas. Tuvimos muchas deudas porque el negocio comenzó a decaer y ya no factura como antes en Guayaquil. Debimos comprar otra radio (Caracol) en la península de Santa Elena y crear una empresa de eventos y publicidad (Multipub) para mantenernos”. El grupo que dirige con su familia genera empleo para 40 personas.

Labor social para los más necesitados

Por su perseverancia y el sueño forjado la producción del evento Mujeres de Oro que reconoce el aporte de mujeres destacadas en diferentes ámbitos y que se realizará en octubre próximo, nominó a Sandra en el campo empresarial, aunque ella dice que solo es alguien que concretó su anhelo motivada por la necesidad y viendo diariamente el ejemplo de otras dos luchadoras como Arteaga y Saltos. “Ellas me inspiraron. Yo las vi crecer. Creo que la mujeres somos emprendedoras, de empuje y no nos rendimos fácilmente”.

La empresaria se siente satisfecha con lo que ha logrado y agradece a Dios “porque siempre he sentido que él me impulsaba a que siga adelante. Él quiere que nos esforcemos y yo me levantaba con ese fuerza sobrenatural y convencida de que las cosas me iban a salir bien”.

La radiodifusora combina su actividad con la labor social en Solca, Hospital del Niño y poblados costeros de la provincia Santa Elena, como El Morrillo donde entrega alimentos y vestimenta.

“Siempre les recuerdo a mis hijos que desde que entré a trabajar a los 18 años escucho que el país está en crisis. Se han caído gobiernos, hemos pasado congelamiento de los depósitos bancarios y hemos seguido adelante”.

Por eso aconseja no cifrar esperanzas en un gobierno porque el esfuerzo tiene que venir de cada persona. “Debemos aprender a seguir luchando, mientras tengamos salud todo es posible”. (I)

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