La lengua cañari subsiste entre el kichwa y castellano

- 21 de mayo de 2019 - 00:00
Un grupo de alumnas estudian su lengua natal. El cañari subsistió hasta finales del siglo XVI. Azuay Chimborazo y Cañar fueron zonas cañaris conquistadas por los incas que posteriormente impusieron el kichwa en la zona.
Foto: cortesía El Tiempo

La investigadora inglesa Rosaleen Howard identifica topónimos, fitónimos y patronímicos con otro origen.

Los habitantes de la provincia de Cañar hablan el kichwa y el castellano. Gladys Quinde, oriunda de Cañar, es maestra y se dedica a crear palabras para enriquecer la lengua kichwa.

“La lengua cañari persiste en el kichwa y en el castellano que son hablados en las provincias de Cañar y Azuay”, manifiesta Rosaleen Howard, investigadora de Inglaterra, quien estudió las lenguas originarias de Ecuador, Perú y Bolivia.

Howard, quien efectúa investigaciones in situ en las comunidades de Cañar desde los años 70, identifica topónimos, fitónimos, patronímicos y vocablos que refieren rasgos físicos de una persona, en los que prevalece el cañari, pero que pasan como expresiones del kichwa.

Según los historiadores, el cañari subsistió hasta finales del siglo XVI.

Chimborazo, Cañar y Azuay eran zonas cañaris que fueron conquistadas por los incas quienes impusieron su lengua: el kichwa.

“Mi propuesta es que a pesar de las rupturas devastadoras del pasado, podamos rastrear continuidad mirando las huellas del sustrato lingüístico (cañari) que presenta el kichwa hablado en Cañar hoy y en alguna medida, el castellano en la región Cañar-Azuay”, dice Howard en una conferencia dictada en la Universidad de Cuenca. El evento promovido por la Cátedra de Historia.

La importancia
En la época prehispánica, los cañaris se constituían en una serie de cacicazgos formados en confederación y compartían un idioma: el cañari.

Para la época colonial existen testimonios documentales sobre esta lengua.

En el Sínodo de Quito de 1594, el obispo López de Solís señala que hay diversidad de lenguas “que no tienen ni hablan la del Cuzco y la Aymara”, por lo que se ordena traducir el catecismo y confesionario a idiomas nativos.

Ese trabajo fue encomendado a Gabriel de Minaya, presbítero para la lengua cañari y puruwá.

En este contexto, Howard precisa que la historia es importante para entender algunas de las razones por las cuales la lengua cañari no sobrevivió, pero sí persiste un substrato dentro del kichwa y el castellano.

“Cualquier vestigio de la sobrevivencia de la lengua cañari sirve como recurso simbólico de suma importancia para la afirmación de una identidad propia”, asevera.

Por su parte, José Lema, director zonal de Educación Intercultural Bilingüe, en alusión a las investigaciones de Howard, indica que hay raíces cañaris que se evidencian, por ejemplo, en los nombres de lugares como “Pacay, Chacalcay, Rircay, Bullcay”. ‘Cay’ significa arroyo o torrente”.

Sobre la posibilidad de recuperar la lengua cañari, Howard se refiere a un pueblo de su natal Reino Unido en el que había una lengua muerta que solo persistía en topónimos.

“Se trabajó con algunas fuentes escritas muy antiguas para recrearla y ahora hay gente aficionada que se dedica a hablar dicha lengua”, concluye la experta. (I)

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