Las adversidades que vivieron tres jóvenes no les impidieron ser las mejores alumnas

- 31 de marzo de 2017 - 00:00

Las abanderadas ganaron un viaje en tren otorgado por el Ministerio de Educación. El galardón al Mérito Territorial, de la Senescyt, permitirá a dos elegir la carrera en la universidad que deseen.

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Perfil / Joselyn Rosero, 18 años

“Mi hijo no resultó  un obstáculo para poder graduarme”

Un mes después de ser designada portadora de la bandera del colegio América (Guayaquil), Joselyn descubrió que sería madre. Ocurrió en octubre de 2016. Hoy está en el sexto mes de embarazo.

La noticia le produjo miedo: creyó que tendría que abandonar sus estudios y que sus padres reaccionarían muy mal. Pero ella no perdió el respaldo de sus progenitores, ni de sus profesores.

La joven, que usa vestido maternal azul en reemplazo del uniforme, conservó sus buenas notas y tuvo una razón más para terminar el colegio. “Ser mamá no estaba en mis planes, pero pensé que un hijo no sería un impedimento para graduarme”.

Para alcanzarlo se esforzó y soportó los dolores de la gestación cuando cursó los primeros meses. Tenía que tomar mototaxis desde la cooperativa Realidad de Dios (Monte Sinaí)  hasta el plantel. “Los baches de las calles eran una tortura”.

Su constancia fue reconocida. Hace dos días recibió el galardón al mérito académico. Sus padres, Grecia Tenorio y Segundo Rosero, quienes trabajan en un bar de un plantel, la acompañaron. “Nosotros no hemos podido darle viajes y ahora por su propio esfuerzo lo tendrá. Estamos orgullosos”.

Será la primera vez que subirá a un tren. En mayo próximo tiene previsto hacerlo con tres de sus compañeros, quienes también recibieron el premio. (I)

Perfil  / Ana Vacacela, 20 años

“Nuestro esfuerzo servirá para  conservar el idioma”

En casa de Ana, en Monte Sinaí (Guayaquil), solo hablan quichua. Eso le ha permitido conservar su idioma, el cual practicaba diariamente en la Unidad Educativa Intercultural Bilingüe Fiscal Fernando Daquilema.

Ella es la única mujer indígena que fue designada como abanderada del pabellón nacional. Esa distinción y su desempeño académico la llevaron a recibir el premio otorgado por el Ministerio de Educación (MinEduc) y también por la Senescyt al “Mérito territorial”.

Con su voz temblorosa, no creyó que estaría rodeada de tantos abanderados de otros colegios. “Es la experiencia más bonita que he vivido”.

La joven nacida en la parroquia Cacha (provincia de Chimborazo) es aficionada a la lectura de cuentos y de novelas. Cumandá -dice- es su obra favorita.

La joven reconoce el esfuerzo que hicieron sus padres, quienes emigraron hasta el Puerto Principal para buscar un mejor futuro para ella y sus seis hermanos. “Mi papi vende legumbres y con lo poco que gana me compraba los libros”.

Ana sabe que ahora su reto es entrar al alma mater.  “Cuando veo a indígenas como  yo de profesores  me da  ánimos a seguirme preparando, porque veo que sí hay espacios para nosotros”. Por eso aconseja a las nuevas generaciones que estudien “porque así nuestra cultura e idioma trascenderán”. (I)

Perfil  / Katherine Prado, 17 años

“Quiero retribuir a mis abuelos lo que hicieron por mí”

Para salir del recinto La Concordia y llegar hasta la Unidad Puná, en la Isla Puná (Guayaquil), debía caminar  45 minutos en invierno o montar una mototaxi o lancha. Ese trayecto lo hizo durante seis años.

Pero su historia de superación empezó a los 3 años,  cuando quedó huérfana. Sus abuelos la criaron.

En 2003, sus padres y hermanos  fallecieron en un accidente con explosivos. “Cuando la Armada fue hacer prácticas en la playa dejaron  granadas, mi familia las recogió, pero detonaron”.

La tragedia que vivió no le ha borrado la sonrisa, al contrario, siente que debe superarse y dedicarse a estudiar.

Sus abuelos siempre la alentaron a ir a la escuela y al colegio. “Ellos son como mis padres, me lo han dado todo”.

Katherine no los decepcionó. No solo logró finalizar la secundaria, sino que se convirtió en la abanderada de la institución y este año aprobó los exámenes Ser Bachiller.

La joven, que siempre luce dos trenzas, recibió los premios al mérito académico (un viaje en tren) y el territorial. Este último le permitirá estudiar la carrera que anhela: comunicación social. “Quiero ser periodista y ser parte de un diario”.

Detrás de ese sueño hay otra razón que la mueve. “Con lo que gane podré mantener a mis abuelos y devolverles a ellos todo lo que hicieron por mí”. (I)

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