Jaime talla su arte colonial en rocas volcánicas

- 23 de marzo de 2019 - 00:00
Jaime Puetate trabaja en ocasiones hasta 20 horas al día en sus creaciones artísticas.
Foto: EFE

El escultor miniaturista fabrica hace más de cinco lustros las pequeñas piezas, que representan la arquitectura tradicional y ancestral ecuatoriana.

La simbiosis entre la milenaria roca volcánica del coloso Cotopaxi (5.897 metros) sobre la que se tallan piezas de la arquitectura colonial de Ecuador, y los cactus y bonsáis, compone la obra del escultor miniaturista Jaime Puetate.

El artista ha convertido la arquitectura popular de Ecuador en miniaturas artísticas que esculpe, hace más de 25 años, sobre rocas de origen volcánico en su taller del sur de la capital.

Puetate plasma esa unión entre lo volcánico, la flora y las construcciones en cerámica al frío que representan la vivienda colonial y la arquitectura típica ecuatoriana, a través de tallas de múltiples tamaños y formatos, tantos como rocas que hay en las faldas del volcán.

Este artista ha dedicado prácticamente la mitad de su vida a elaborar más de 100 obras de este tipo.

Espera cerrar un convenio con el Municipio de Quito para elaborar piezas que representen las casas patrimoniales y edificios religiosos del Centro Histórico de la ciudad, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1978 por la Unesco.

En horarios intensivos, que algunos días llegan a 20 horas, el artista suele trabajar entre las 03:00 y 22:00   en tallar y pintar las miniaturas escultóricas y en su otra afición: los retratos artísticos.

“Me inicié desde niño y luego seguí puliendo mi técnica en el colegio. La práctica  es todo, por eso me considero más autodidacta que un estudioso de las diferentes escuelas”, aseguró el artista entre rocas a medio trabajar y pinceles.

Afirma que vivir de lo que hace “le permite a uno investigar, descubrir, entrar más en lo que es el arte”.

Cerámica al frío
Para llevar a cabo sus miniaturas artísticas utiliza pigmentos hidratados de cerámica al frío con un proceso químico para construir las casas e iglesias en la roca, a veces talladas en la propia superficie y otras confeccionadas aparte y colocadas sobre la piedra.

También emplea un producto para endurecer el material y, de esta forma, agilizar el proceso de secado que luego pasa por una fragua para seguir con las labores de tallado.

Por otro lado, utiliza vidrio líquido para el acabado de sus obras, ya que ayuda a mantenerlas en el tiempo,  les proporciona un brillo especial y las resalta, porque les otorga una sensación  parecida al agua corriendo por la piedra.

Emplea elementos como campanas, clavos, conchas, moluscos y árboles de coral. Con ellos recrea ciertos aspectos que armonizan el conjunto o que le aportan detalles que incrementan su valor a cada obra (flores, personajes, cruces, fuentes, entre otras).

El escultor reconoce que cualquier clase de roca puede ser útil para todo tipo de trabajo, pero que en su caso decidió usar la piedra volcánica o piedra pómez porque “es suave y porosa y le permite a uno tallar, poder asentar las plantas”.

En ese sentido, ensalza las rocas del Cotopaxi porque son “milenarias”, ya que se formaron con las primeras erupciones volcánicas.

La relación de Puetate con las rocas va más allá de una simple unión profesional, ya que considera que estas tienen vida y les habla.

“Es una parte de agradecimiento el que yo converse con ellas, al igual que cuando se hace con un árbol o una flor. Que me permitan visualizar esas formas y poder hacer de ellas un componente de mi trabajo, es algo espiritual”, afirma.

Sus obras de arte reciben buena acogida; la última, en una exposición durante la Fiesta de la Fruta y de las Flores, en Ambato.

Sin embargo, el escultor admite que aún es bastante desconocido el valor que tienen: “Creo que hay una gran equivocación porque no se detienen a mirar más allá de considerarlo pequeño, y ver que en la miniatura está lo grande”, reclama.

Pese a todo, este padre soltero que se gana el sustento con su obra es optimista y confía en que las puertas “se irán abriendo” para seguir dedicado a su pasión de forma permanente.

Él aspira a compartir sus conocimientos y a trabajar con otras personas para enseñar su arte.

“Me gustaría compartir, crear una escuela para enseñar este trabajo que ha sido de muchos años, pero necesitaría respuestas y no una burocracia que no me permita seguir adelante”, comenta el tallador, al hacer referencia al poco apoyo que ha encontrado en las autoridades que ha buscado para materializar su sueño. (I) 

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