El canto del Jahuay busca prevalecer en el tiempo

- 08 de junio de 2018 - 00:00
Por lo regular el canto se realizaba en los meses de la cosecha de trigo y cebada, que era en julio y agosto, por ello algunas de las canciones apuntaban al agradecimiento a la Pacha Mama.
Foto: Elizabeth Maggi / EL TELÉGRAFO

El retumbante sonido del cuerno, elemento animal que en poblaciones andinas se usa como instrumento musical, convoca a la cosecha anual.

“Arriba”, “adelante, “suban”, “levanten”, son algunas de las palabras en las que se traduce el Jahuay, un canto en quichua que tiene más de 500 años de existencia y que fue propio de la cultura Puruhá, pero que debido al paso de los años se está perdiendo.          

Las temáticas que los pueblos indígenas abordaban en el Jahuay iban desde aspectos cotidianos de su vida diaria como los animales y el ganado, ya que estos eran su medio de subsistencia.

Hasta detalles sobre el amor describían la alegría que en ese momento sentían.

Cada palabra era acompañada por el sonido que producía la bocina y el pingullo (instrumentos musicales de la época).

El que daba la voz de mando era el paqui, un hombre de edad madura que conocía la letra de las canciones y quien organizaba el acto para que se escuchara de forma armoniosa y agradable.         

Por lo general el canto se  realizaba en el mes de la cosecha del trigo y la cebada, que era en julio y agosto, por ello algunas de las canciones apuntaban al agradecimiento a la Pacha Mama por proveerles de estos cereales.

Pero cuando los españoles llegaron y empezó la explotación de los campesinos y la repartición de las tierras aplicaron este canto como parte del sometimiento y lo que al principio se hacía como celebración después fue obligado por los hacendados y terratenientes.  

“Los españoles utilizaron a los mestizos como capataces para presionar por mayor producción; ellos necesitaron un canto para motivar a los campesinos y se tomaron el ritual del Jahuay, algo que ya practicaban”, indicó Ximena Leiva, historiadora del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC).

El canto llegó a formar parte de largas horas de trabajo en haciendas de grandes extensiones, bajo el cruel maltrato de sus capataces, a cambio de lo cual recibían una mínima parte de la cosecha, los que les ayudaba a subsistir.      

Con el paso de los años las haciendas se dividieron dejando pedazos de terrenos que eran repartidos entre la población, mientras que otras fueron abandonadas por la migración de sus ocupantes a otras ciudades o países.

Esta acción también influyó en el canto del Jahuay, pues ya no había necesidad de entonarlo en pequeñas parcelas, y los paquis, que al principio eran muchos, empezaron a envejecer hasta el punto de olvidar las letras.

De hecho en los cantones de Riobamba, Alausí, Colta y Guamote existen menos de 10 paquis que mantienen una edad de entre 80 y 90 años, por lo que solo recuerdan fragmentos del repertorio.    

Entre ellos Don Gregorio, un hombre de edad avanzada que habita en la comunidad Sanancaguan Alto de la parroquia Columbe en el cantón Colta, quien al contar sobre el canto del Jahuay un sentimiento de desilusión le embarga.      

Su pena se refleja en las lágrimas que descienden por sus arrugadas mejillas.

Él recuerda que su padre le cantaba, pero más le duele saber que este ritual propio de su gente y que es parte de sus raíces fue tomado por personas que solían explotarles.

Ahora solo se acuerda parte de la letra y en algunas ocasiones vecinos han escuchado cómo la entona  en voz baja.

“Él suele cantarla en quichua porque su español no es muy entendible, pero lo hace con nostalgia”, indica Pedro Paca, habitante de la zona.   

Esta situación ha hecho que técnicos del Instituto de Patrimonio Cultural busquen la manera de que el canto prevalezca en el tiempo, “esto era una muestra del sentimiento de la gente, una tradición, por ello hemos realizado un análisis y una propuesta de plan de salvaguardia para que se mantenga”, señaló Patricia Bonilla, antropóloga del Instituto de Patrimonio Cultural.

La profesional señaló la importancia de revitalizar el ritual debido a que los comuneros tienen la intención de mantenerlo como un aspecto propio de sus zonas que atraiga el turismo comunitario.

“Pero esta vez enfocados en otros aspectos como las mingas que realizan o trabajos que hacen en las comunidades, logrando así que el Jahuay siga estando entre la gente y pueda ser trasmitido a más generaciones”, acota Bonilla.

En cantones como Riobamba y Colta, sus habitantes ya realizan representaciones del Jahuay en las que permiten que los visitantes formen parte del canto o toquen los instrumentos.  

“El gobierno de la provincia suele organizarlas para que turistas nacionales o extranjeros lleguen a nuestras comunidades, vivan entre nosotros y puedan conocer nuestras tradiciones, así no solo se quedan en el país sino que atraviesan fronteras”, manifestó Jorge Ramos, habitante del cantón Colta. (I)  

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