Educación post pandemia: Oportunidad para reinventarse

23 de agosto de 2020 00:00

Dos millones de estudiantes, en la Sierra y la Amazonía, comenzarán clases el 1ro. de septiembre. La sociedad y el sistema educativo se hallan en un proceso de transición, luego de la pandemia y el “shock” de la paralización del modelo presencial. Ahora los profesores deben reinventarse para trabajar en línea, con nuevas herramientas.

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La situación es compleja. El modelo tradicional de enseñanza y aprendizaje, anclado al sistema presencial, necesitó cambios dramáticos, que movió el piso a las instituciones educativas y a sus actores principales: estudiantes, profesores y padres de familia.

Nadie quedó a salvo. De un momento a otro hubo que tomar decisiones y actuar de manera diferente, bajo las orientaciones del Ministerio de Educación y de cada organización escolar que no dejó de asombrarse.

La conectividad y más

La moda llegó con la virtualidad. Ello implicaba estar conectados a la Internet, con celular, Ipad o computador a la mano, para seguir las instrucciones y hacer lo imposible: enseñar y aprender.

Y el aprendizaje bajo esta nueva modalidad es –y seguirá siendo- el caballo de batalla, porque se da el caso que los docentes no fuimos preparados –salvo excepciones- para trabajar en aulas virtuales, sino bajo métodos tradicionales, donde el profesor, la tiza, la pizarra, el texto y los deberes eran los protagonistas. Ahora la conectividad implica un desafío mayor: el alumno debe trabajar en muchos momentos sin profesor, aunque asistido en ciertos episodios. Pero, ya no era lo mismo: la pantalla había sustituido a la pizarra y el teclado al cuaderno de notas. El papel del profesor –llamado tutor- ha cambiado. ¿Para siempre?

Una referencia: La “Pulgarcita”

No olvido la lectura del libro de Michel Serres “La Pulgarcita”, cuando en un ensayo magistral retrató la nueva sociedad –que estamos viviendo- en ciernes. En tono burlesco pero real dice: “En 1900 la mayoría de los seres humanos del planeta trabajaban en la labranza y el pastoreo; mientras que en el siglo XXI, en este nuevo escolar, un estudiante no vio nunca un ternero, una vaca, un chancho o una nidada…”

La razón estriba –según Serres- en que el mundo urbano y tecnológico ha sustituido a la tierra y sus relaciones con el mundo. “La ciudad “llena” a gente sin haber vivido la rusticidad de la naturaleza, los animales domésticos, las cosechas, los caminos de la ruralidad, ni experimentado, incluso, la urgencia vital de una moral”.

Lo más interesante es que ahora todos estamos “formateados” por la virtualidad, las tecnologías y sus herramientas. La sociedad es un show o espectáculo, y en este tráfago los medios de comunicación se apoderaron de la enseñanza. El uso de las redes sociales es el nuevo paradigma. El libro, la tiza y el cuaderno están en decadencia. Los pulgares han hecho se aparición y han sustituido a la escritura. ¿Es el ocaso de las ciencias cognitivas, en aras del uso lúdico de la imagen, el sonido y todas las “apps” juntas?

La otra realidad

Después de este discurso sabroso sobre la falta de neutralidad de las tecnologías, una forma de aterrizar en el tema central es aproximarnos a situación que afrontan nuestras escuelas y profesores, durante la pandemia y post pandemia.

Así, es desconcertante descubrir en esta era de la sociedad de información y comunicación, según un estudio de Unicef –Monitoreo del Sistema Educativo, agosto 2020, el 21% de los niños ecuatorianos no tienen acceso a servicios básicos fundamentales, como agua potable, saneamiento e higiene, de manera especial en la zona rural. Además, “el 48% de IE del sector rural y el 38% urbano no realizan un tratamiento de agua para beber”.

A este problema estructural se unen otros, como la falta de conectividad en el 30% de las escuelas rurales y urbanas del Ecuador. ¿Cómo ofrecer educación virtual en tales condiciones?

Reinventarse, la alternativa

Los profesores en el Ecuador son héroes silenciosos. Trabajan en dos o tres partes para completar un salario digno, preparan clases y ahora deben actualizarse en tecnologías so pena de no aprobar las continuas evaluaciones obligatorias. A esto se añade la cantidad de información o la ninguna información personalizada sobre los cambios que realiza el organismo rector de la educación, y los papeles que tiene que llenar para engrosar las estadísticas, a veces inútiles.

El desafío es entonces grande. A nivel macro se necesitan nuevas políticas públicas, que actualicen procesos y objetivos de una nueva escuela –que debe gestarse con urgencia-; la profesionalización continua de los docentes, desde la educación inicial hasta la educación superior; y la inserción activa y militante de las universidades, en la construcción de un nuevo proyecto educativo nacional.

La institucionalidad escolar debe migrar hacia otros espacios, como la descentralización del currículo, sobre la base de un currículo nacional, y la formación de comunidades de aprendizaje en cada escuela, con la conectividad en el ciento por ciento de planteles. Y en lo micro el desarrollo de nuevas plataformas innovadoras, que combinen lo estandarizado o global con lo nacional, lo presencial, con lo semipresencial y digital, al menos en cuatro ámbitos, como establecen las Pruebas PISA: Lenguaje, Matemática, Ciencias y Resolución de Problemas.

En este contexto, la formación continua de los docentes y la selección rigurosa de los nuevos es urgente. La pandemia ha dejado buenas lecciones: reconocer nuestras fortalezas –que sí tenemos-, y atacar las debilidades.

Reinventarse es la palabra. Cada docente debe ser un líder asertivo, un investigador y lector. Las especialidades tradicionales no bastan. Hace poco estuvo en Guayaquil, el Dr. Ken Robinson, denominado el mejor profesor del mundo, quien dijo: “El sistema educativo es anacrónico. Las escuelas matan la creatividad. Hay que reinventar al profesor. Porque enseñar es un arte. Y hay que introducir el arte en las escuelas, entre otras estrategias”.

Ilustración: Manuel Cabrera/El Telégrafo
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