En los menores con paladar hendido el trastorno es frecuente

Déficit de lenguaje trae inseguridades

En los menores con paladar hendido el trastorno es frecuente
09 de abril de 2014 00:00

Rafael Molina este año cursará el sexto año de básica. Entre coloreos y recortes de dibujos que él  hace   transcurren las horas. Hace seis años al menor -de 10 años- le diagnosticaron disfasia, un trastorno del lenguaje que se caracteriza por la dificultad para hablar y comprender el discurso hablado, cuenta su madre, Mónica Ramos.

“Con mi esposo nos preocupó que a los 4 años mi hijo no hablara. Le hicimos los análisis, radiografías de cabeza, oído, pensábamos que tenía una discapacidad auditiva. Luego lo llevamos a una especialista que nos dijo lo que tenía. Al inicio no comprendimos a qué se debía, pero con el tiempo entendimos porque él repite todo lo que le ordeno, que no tenga una lectura comprensiva y que su razonamiento sea corto”, agrega.

Tanya Carrasco, psicopedagoga y directora de la Fundación Educativa Alfaguara, explica que la disfasia es la pérdida parcial del habla debido a una lesión cortical. “Hay un compromiso neurológico. A nivel de comprensión el menor no entiende de órdenes, ni instrucciones, además de una alteración de la estructura lógica en las frases. El lenguaje es el indicador supremo de la inteligencia, por lo que cuando vemos que hay disfasia o hay lenguaje alterado enviamos al menor al neurólogo para que le efectúen todos los estudios pertinentes”, indica.

Por ello es importante la terapia de lenguaje una vez que se ha identificado el trastorno. “La terapia está enfocada en desarrollar lo psicomotriz y la dificultad específica detectada. También existen las terapias grupales, que consisten en insertar al menor en un grupo social para que entienda al mundo que lo rodea”, afirma.

Las terapias de lenguaje en los menores con casos de disfasia se desarrollan a largo plazo.En la Fundación Alfaguara, Carrasco ha tratado de 2 a 3 casos por disfasia, a diferencia de la dislalia (dificultad para articular palabras) que concentra el mayor número con más de 8 casos. “La disfasia es evidente a diferencia de la dislalia que es un problema de articulación, de no usar un fonema como la r.  Por ejemplo, hay niños que en vez decir brazo dicen bazo. Además a diferencia de la dislalia que se supera en 26 sesiones, en la disfasia la terapia de lenguaje es a largo plazo”, sostiene Carrasco.

La importancia de la estimulación para el desarrollo del lenguaje en los menores es otro punto que no se debe descuidar.

La doctora Patricia Ordóñez, directora del Kinder Zentrum, explica que para que el niño hable hay diferentes fases, la primera es la de escuchar, “entre más escucha el menor hablar en su casa, o en el lugar en el que lo dejan para que sea cuidado, el niño aprenderá mayor cantidad de vocabulario”.

Cita a las guarderías con el personal especializado, como el lugar donde no solo se detectan estos trastornos, sino en el que se promueve el lenguaje. “Es importante que los pequeños interactúen con los más grandes”, dice Ordóñez.

También, advierte que para el sistema nervioso del niño “no es beneficio la cero estimulación y la sobreestimulación. La actividad que realice el menor es como una dosis de medicina”.

En la guardería Chikitines, la directora Alexandra Carrera de Gavilanes, dice que con la ayuda de una terapista de lenguaje han identificado casos de autismo y a tener sospechas de un menor con disfasia.  “Para nosotros es importante conocer la situación del menor para ayudarlo a superarla con una buena metodología de enseñanza. Por eso también se ha organizado un cronograma de charlas para que los padres estén informados de lo que sienten sus hijos”, señala Carrera, quien es  educadora de párvulos  y tiene 18 años de experiencia.

Según Ángela Jurado, psicóloga clínica del Hospital León Becerra, la dificultad en el habla puede causar un problema psicoafectivo a los menores, como la depresión, la vergüenza por las burlas, ponerse agresivos porque no los entienden y se frustran.

En ese sentido, destaca que es importante que los profesores y padres de familia pongan atención al desenvolvimiento del menor y que estén alerta para no dejar avanzar este tipo de dificultades. “A los 3 años el lenguaje en un menor debe estar un poco más estructurado, pero si se deja pasar el tiempo, el tratamiento para que pueda asociar su pensamiento con el habla y tenga un lenguaje, será más intenso”.

Jurado indica que en los casos que ha tratado, la mayoría es de menores sometidos a una corrección de paladar hendido o labio leporino. “Hemos detectado la disfasia en niños con dificultad de paladar hendido, ahí es cuando se les da terapias para ayudarlos a formar el lenguaje después de la cirugía”, expresa.

La profesional recomienda que para promover la estimulación, una alternativa es la lectura de cuentos y repetición de palabras.

Mónica admite que por el costo de la terapia ($ 200 dólares), su hijo Rafael no ha recibido las que necesita. “No las podemos costear, pero aún así yo veo en mi hijo muchas ganas de aprender y sacar las mejores notas”.

En la guardería Chikitines, a través de juegos y la lectura de cuentos, los menores.son estimulados para su desenvolvimiento. Foto: José Morán│El Telégrafo
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