Comunidad GLBT festejó su día con un colorido desfile

01 de julio de 2013 00:00

Tarde nublada, fría y con llovizna. Son las 15:00, pero parece que recién amanece en Guayaquil.
Cerca de 100 personas están en los exteriores de la Gobernación de Guayas. Entre rostros tan diversos se observa que la gran mayoría tiene algo en común: bufandas o banderas con los colores del arcoíris, que identifica a la comunidad Gays, Lesbianas, Bisexuales, Transexuales e Intersex (GLBTI).

Entre los presentes se encuentra una joven de aproximadamente 1,90 metros, que luce un vestido strapless (sin tiras) de color beige y tacones, lo que le da la apariencia de una reina de belleza. “No soy de ninguna organización, pero vengo a apoyar la marcha como lo he hecho antes. Todos somos iguales porque somos seres humanos”, dice Érika Zavala, una transfemenina, quien afirma que cree en Dios, pero que no se inclina por ninguna religión.

En la siguiente hora siguen llegando más personas trans, drag queens, homosexuales y lesbianas; algunos  utilizan disfraces de gatos, ángeles, colegialas inocentes, diablos o personajes de fantasía, como hadas o princesas, mientras otros prefieren el bodypaint (arte corporal), pero también empezaban a reunirse heterosexuales que apoyan al colectivo.

“Agua, agua helada”, grita un niño entre los asistentes. Otros comerciantes aprovechan para expender vasos de cerveza, a pesar del viento frío que sopla desde la ría. Además de algunas de las agrupaciones GLBTI organizadoras, como Asociación Lésbica Mujer y Mujer y Plan Diversidad, se  ve a  varios militantes del Movimiento Centro Democrático (partido liderado por el prefecto Jimmy Jairala) y a miembros del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH).

“Tenemos los permisos otorgados por la Gobernación, pero los municipales intentan desarmar la tarima que hemos instalado por el Día del Orgullo Gay, en el parque Centenario”, manifiesta Óscar Ugarte, de Diverso Ecuador.

El reloj marca las 16:00. Los carros alegóricos empiezan a estacionarse a lo largo del Malecón Simón Bolívar, desde el Municipio hasta la Gobernación, mientras en la esquina de la calle Aguirre hay cerca de 600 personas que desean empezar la marcha.

Ugarte, con la preocupación de saber que los policías metropolitanos quieren boicotear la festividad, comienza a organizar a los asistentes para iniciar el desfile.

Con los carros encendidos, la música electrónica en alto volumen y centenares de rosas que son repartidas por algunos de los organizadores a la ciudadanía que está en ambos lados del malecón, comienza la marcha. Son las 16:30.

El recorrido inicia desde ese punto,  a lo largo de la avenida 9 de Octubre, hasta llegar a un escenario instalado en las calles Lorenzo de Garaycoa y Quisquís.

Wagner Basilio, expropietario de la desaparecida discoteca Vulcano, vestido con un diminuto traje evocando a un policía con más parecido a un castigador sadomasoquista, encabeza el desfile junto a su pareja. Ambos llevan rosas en sus manos.

Delante de ellos avanza la “Diva”. Así es el nombre del personaje con el que desfila María Fernanda, otra transfemenina que desde hace 5 años participa en el evento por el Día del Orgullo Gay, en Guayaquil. “Me gusta apoyar a la comunidad en nuestro día. El resto del año participo como modelo en desfiles GLBTI en Nueva York y Milán”.

La marea humana empuja hacia la avenida 9 de Octubre. Desde algún punto de la intersección con la calle Chile algunos se suben a los baldes de las camionetas para observar. Desde ese ángulo, la cantidad de asistentes debe pasar de los 1.000, perdiéndose hasta el Hemiciclo de la Rotonda. Y aparecen cada vez más mientras avanzan.

Personal de la Policía Nacional y de la Comisión de Tránsito del Ecuador (CTE) cierran las calles aledañas a la arteria principal del centro.

Poco a poco se distinguen las pancartas que  las organizaciones participantes exhiben. Plan Diversidad tiene una que indica que el 64% de los estudiantes de bachillerato padece por  bullying (acoso) homofóbico, de acuerdo a una investigación que esa asociación realizó junto a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Los guayaquileños se apostaban a lo largo de la avenida 9 de Octubre, unos como tímido apoyo a los participantes, pero la mayoría con curiosidad.

A pesar de que hay homosexuales con una actitud de bajo perfil, la mayoría se desata. Orgullosos de ser quienes son, una vez al año sienten completa libertad de destaparse -incluso literalmente- de  convencionalismos  sociales respecto a lo que se considera    apto o no para ver.

“El matrimonio gay es una realidad que la religión tiene que aceptar. Hay que decirle ‘basta’ a la doble moralidad”, expresa Georgina Feikers, de Plan Diversidad, quien va vestida de Virgen María con una vela blanca con forma de falo.

Unos metros delante de Georgina, una mujer llama la atención de los espectadores. Viste como una modelo “pin-up”, con los colores de la bandera norteamericana y la blusa descubierta mostrando sus senos en los que tiene colocados unos cubrepezones. Atrás de ella avanza un joven que había mezclado en su vestuario los guantes de un arquero, el bañador de un nadador, una pelota de básquet y unos zapatos con piel de  leopardo. “Vicky y yo tenemos 11 años de relación. Es la primera vez que pasamos esta festividad en Guayaquil, otros años hemos estado en Madrid, Bélgica, Holanda. Allá es más ordenado, nadie cruza la calle ni te chiflean si te tomas una foto, desfila la comunidad, y el que tiene algún traje llamativo se integra”, dice el joven. Una mirada de amor es lo que se ve en los ojos de Vicky, una transfemenina, mientras trata de darle un trozo de chocolate a su pareja, un hombre heterosexual.

Las horas avanzan y adolescentes con caras pintadas llevan carteles con frases sobre la igualdad de derechos, como “Vive y sueña en libertad. Hoy tu voz no va a callar”, y “La homosexualidad no es una enfermedad, la homofobia sí”.

Eran las 19:00 cuando la gran mayoría de los participantes del desfile, se amontonó en la estrechez de la calle Lorenzo de Garaycoa y Quisquís donde estaba instalada la tarima. Aproximadamente 2.500 personas estaban presentes en el punto de finalización de la marcha. La música electrónica retumbaba en los parlantes  instalados en algunas de las carrozas estacionadas.

Ángeles con alas rojas, rosadas, blancas y negras se arriman a los postes con rostros cansados o se derrumban en los bancos cercanos para descansar de los tacones.
Las diversas melodías hacen efecto en los asistentes y todos empiezan a bailar sin distinción de la orientación sexual o el género.

Al final, la marea humana es tan abigarrada como lo multicolor de las banderas GLBTI.

Te recomendamos

Las más leídas