La ciencia de la lectura y los nuevos aportes

- 25 de junio de 2018 - 00:00
La lectura es un sistema complejo cuyo eje es el cerebro, que es la central de manejo, la cual actúa también como centro de la memoria.
Foto: Archivo / EL TELÉGRAFO

En los últimos 20 años la pedagogía y la sicología, con el apoyo de las neurociencias, pudieron generar mapas preliminares del cerebro.

Los educadores enseñamos a leer –y es un mérito relevante- bajo sistemas que aprendimos en los normales y en las universidades.

Pero hoy, en el siglo XXI, el tema de la lectura supera los modelos tradicionales centrados en la lectura mecánica, orientados a adquirir una serie de automatismos que permiten a los estudiantes interpretar signos gráficos, mediante una percepción visual y darles una identidad oral.

Se insiste más en la lectura comprensiva, que tiende a asociar las letras con los sonidos y las palabras con su significado, y lograr, en última instancia, la lectura crítica.

Métodos de enseñanza
Existen varios métodos de enseñanza de la lectura. Los más conocidos son el fónico, el  global y el constructivista.

El primero se fundamenta en el principio alfabético, que implica la asociación entre fonemas y grafemas, y de las vocales a las consonantes.

El segundo se centra en las palabras, que deben ser memorizadas inicialmente, como base de la creación de los primeros enunciados, cuyos significados son aprendidos con la ayuda de dibujos, conocimientos previos y más. De esta manera, las palabras antes desconocidas cobran sentido.

 Por último, el método constructivista, creado por Jean Piaget, sugiere la enseñanza de la lectura a partir de las hipótesis implícitas que el niño desarrolla del aspecto fonológico.

El debate entre estos modelos de enseñanza de la lectura no ha terminado. Pero existen evidencias empíricas que muestran la importancia de la conciencia fonológica en el proceso de alfabetización, y que es posible integrar los métodos fónico y global.

El ADN de la lectura
Lo anterior sería imposible entender sin considerar la existencia de un cerebro lector, de acuerdo con la terminología de Stanislas Dehaene; es decir, de la arquitectura cerebral que hace posible las relaciones entre las neuronas que explican las neurociencias, que permiten, según Max Weber, saber pronunciar las palabras escritas; identificar las palabras y el significado de cada una de ellas; y, saber extraer y comprender el significado de un texto.

El tema es complejo y fascinante. Para algunos investigadores estamos todavía en la “madrugada” de la palabra escrita, porque recién comienza a descifrarse en el ADN de la lectura y algunos campos específicos de la neuroeducación: el aprendizaje, la memoria, la atención, la dislexia, entre otros asuntos, donde la bioingeniería, la computación y la biología molecular se unen para cambiar para siempre a la pedagogía y la medicina.

Las ciencias aplicadas a los aprendizajes están, por lo tanto, en “pañales”. Pese a ello, en los últimos veinte años, la pedagogía y la psicología, con el apoyo de las neurociencias, han podido generar mapas preliminares del cerebro, en los cuales se identifican los circuitos cerebrales de la lectura, a través de neuroimágenes o imágenes cerebrales, que revelan las áreas que se activan cuando desciframos palabras escritas.

La ciencia de la lectura
Stanislas Dehaene, autor del libro El cerebro lector: últimas noticias de las neurociencias sobre la lectura, la enseñanza, el aprendizaje y la dislexia, considera que “una persona promedio sabe más sobre su auto, que sobre el funcionamiento de su cerebro”.

Esta declaración es impactante y muy cierta. La nueva ciencia de la lectura es desconocida en varias partes del mundo, y peor aplicada. Las razones son obvias: la mayoría de los modelos de enseñanza y aprendizaje –y en general de las ciencias- son lineales, mecanicistas-funcionalistas, que reducen los fenómenos a mecanismos limitados o reduccionistas; por ejemplo, células, moléculas o modelos de conducta de los seres vivientes, cuando el enfoque dinámico de los sistemas considera al mundo a partir de vínculos e integración.

En otras palabras, todo es sistémico y sus estructuras específicas resultan de las relaciones entre las partes o subsistemas. En este contexto, la lectura es un sistema complejo cuyo eje es el cerebro, que es la central de manejo, que actúa también como centro de la memoria.

El ser humano tiene entre 12 y 15 mil millones de células nerviosas o neuronas. Cada una a su vez puede construir millones de conexiones, que se forman al usar el cerebro.

Así, cuando son más estimuladas se construyen más conexiones y más capacidades del ser humano para pensar. Y la lectura es pensamiento en acción. (O)  

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