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La ciencia de la creatividad: un paso a la innovación

La ciencia de la creatividad: un paso a la innovación
13 de septiembre de 2020 - 00:00 - Fausto Segovia Baus

Pocas veces se ha mencionado a esta ciencia que ha nacido en el siglo XXI. Un libro de Jonah Leher “Imaginar: cómo trabajar la creatividad” ofrece pistas para revisar lo que hacemos o dejamos de hacer.

Algunos consideran que la creatividad es una cuestión de iluminados o un acto sobrenatural o de magia. Ahora se reconoce que la creatividad es una competencia; es decir, la suma de habilidades, destrezas y comportamientos que todos, sin excepción, podemos alimentar y aplicar.

La innovación
El mundo actual tiene como eje la innovación, que se traduce como cambio sostenido, de carácter sistémico, que alude a procesos, entradas y salidas en un ambiente dado, para lograr un objetivo: el mejoramiento continuo.

Una educación repetitiva, de carácter conductista –estímulo/respuesta- no ofrece alternativas para la innovación. De ahí la importancia de procurar aprendizajes significativos, que comiencen desde la formación inicial de los propios profesores.
La innovación –aunque usted no lo crea- no es producto de la herencia genética, sino una habilidad adquirida con el trabajo y el esfuerzo. Bien se ha dicho que “la innovación es cuestión de años de transpiración antes que de minutos de inspiración”.

Una ciencia para la creatividad 

Jonah Leher en el libro “Imaginar: cómo trabajar la creatividad” escribe que “la ciencia de la creatividad es relativamente nueva. Hasta la Ilustración, los actos de imaginación quedaban relegados a los poderes superiores. Ser creativos significaba canalizar a las musas y darles voz a los dioses”.

En la última década ha cambiado mucho el pensamiento sobre este tema y han caído algunos mitos, como aquel que dice que la persona creativa está dotada de dotes excepcionales o sobrenaturales. Hoy se habla que la creatividad no es un tipo de conocimiento especializado o independiente, como se creía antes. La creatividad, en esencia, no se enseña, dice esta tendencia. Se ha demostrado que las innovaciones, en general, no han sido resultados de genios o expertos, fuera del estándar, sino, en muchos casos, de gente común y corriente que ha pensado diferente, que ha sido perseverante y básicamente observadora y curiosa.
Los griegos, por ejemplo, observaron la naturaleza y descubrieron sus elementos esenciales: la tierra, el aire, el fuego y el agua, que dieron lugar a los cuatro humores conocidos, que sirvieron para fundamentar una nueva ciencia: la Psicología, que es la ciencia del comportamiento humano.

La ciencia de la creatividad, según Lehrer, está en pañales, pero existen numerosos indicios de sistematización, que nos llevan a establecer condiciones especiales para lograr lucidez e inspiración, que no es sino la conexión de informaciones antes vagas y aisladas con otras nuevas, para lograr resolver problemas o responder a una necesidad concreta. Lehrer subraya una famosa frase de Albert Einstein: “La creatividad es un residuo del tiempo desperdiciado”.

Sudor y fracasos 

La creatividad es, entonces, la suma de sudores y también de fracasos. Porque el creativo no es, necesariamente, quien maneja la matemática moderna y la física cuántica, sino aquel que se acerca a la realidad, a los problemas cotidianos de la vida y busca relacionar sus elementos, dibujar situaciones probabilísticas y entender de manera diferente la realidad. Como dijo Steve Jobs, el famoso creador de Apple: “la creatividad es el arte de conectar cosas”.
La nueva educación.

El sistema educativo, con algunas excepciones, se mantiene dentro de parámetros tradicionales. Prevalece el dictado, el enciclopedismo, la memorización y a veces ni eso: la educación formal se vacía progresivamente de cultura y se halla desfasada, inmovilizada en las cuatro paredes de un aula, cuando el mundo gira alrededor de la innovación, la creatividad y la comunicación.

Esta realidad no se la puede ignorar, negar o combatir, cuando la importancia de la comunicación cobra fuerza día a día. Así, aunque parezca descabellado, la nueva educación debe incorporar críticamente la creatividad, el discurso de la imagen, para desarrollar propuestas innovadoras, concibiendo creativamente alianzas con la prensa, la radio, la televisión y la Internet, para ganar responsablemente espacios para la libertad y la responsabilidad.

La formación de los profesores

La revolución de las tecnologías constituye un cambio radical de las instituciones y de las actitudes de los individuos. En la actualidad no hay actividad humana que no tenga una relación directa o indirecta con la TIC o Tecnologías de la Información y la Comunicación. La prensa, la radio, la televisión y la Internet son medios masivos que, en la práctica, se han convertido en escuelas paralelas. La satanización de los medios y de la cultura mediática, de acuerdo con las investigaciones, no lleva a ningún lado. Hay que convivir con su presencia –u omnipresencia de estos aparatos y sus mensajes-, buscar mecanismos para una educación audiovisual y construir una pedagogía de la imagen, con la ciencia de la creatividad… y profesores actualizados.

Las protestas contra la televisión y la informática pueden resultar estériles, si toda esa energía no se la invierte en propuestas o alternativas. (O)

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