El acoso sexual es un enemigo silencioso

La problemática trasciende al siglo XXI en medio de un proceso de liberación
08 de marzo de 2020 00:00

Los movimientos feministas, que han sido vilipendiados y desvalorizados, entraron al nuevo siglo mejor organizados en sus luchas contra las violencias hacia las mujeres en el continente.

A fines del 2019 la canción “El violador eres tú” se convirtió en un himno que puso el dedo en estas llagas cotidianas que ellas padecen.

Un mes antes, Mon Laferté no tuvo reparos en descubrir su torso en la premiación de los Grammy Latinos para que las letras escritas en su cuerpo pusieran al descubierto también ante el mundo lo que pasa en su país.

A inicios de 2020 México se conmocionó con el asesinato de la niña Fátima y en Ecuador los nombres van quedado trastocados.

Entre las prácticas violentan el espacio de lo público en esta región, el acoso hace parte de una primera fase o momento del que casi todas han vivido en algún momento de sus vidas.

La catedrática Nelly Balbuena asegura que detrás de cada femicidio siempre hay una mujer víctima de muchas violencias como el acoso sexual, que se ha naturalizado.

Este aparece de forma sutil y puede arrancar la sonrisa de la víctima, con chistes “colorados”, mensajes de texto, llamadas, gestos, amenazas, insultos, preguntas, chantajes, propuestas indecentes y miradas lujuriosas.

La ONU ha publicado que a nivel global el 35% de las mujeres sufre algún tipo de violencia física y sexual por parte de su pareja, antecedida generalmente del acoso.

Un estudio de la Red Interuniversitaria del Acoso Sexual de Ecuador señala que cinco de cada 10 estudiantes dijeron haber sufrido estos vejámenes en su vida estudiantil.

Aquí llevan la peor parte las personas LGBTI. “Eso quiere decir que eres más discriminada en el caso en el cual tu comportamiento de género es feminizado”, asegura Milena Almeida, parte de la Red.

Las activistas señalan que si hay algo que frena la movilización es la falta de cifras o su dispersión entre los movimientos, activistas, defensores de derechos humanos y los organismos estatales.

Por eso, para generar un cambio cultural, se precisa del apoyo del Estado en la implementación de políticas públicas y leyes, de la familia, los medios y de iniciativas como la del Instituto de Investigación en Igualdad, Género y Derechos, de la Universidad Central de Ecuador, con “El laberinto de Ariadna”, premiado por la Unesco en el año 2019. Este recorre las facultades para sensibilizar desde una estrategia vivencial sobre las distintas violencias de género, como el acoso sexual, y aliviar sus pesares. (I)

2015 → Este año marcó un hito porque se sancionó por primera vez en Ecuador el acoso callejero como acoso sexual.

Datos → Casi siete de cada 10 mujeres viven alguna violencia en el espacio público y privado en el país.

Consulta →En 2018 se aprueba que no prescriban los delitos sexuales contra niños, niñas y adolescentes.

Sanción → La pena es de tres años. De tres a cinco años si la víctima es menor de 18 años o persona con discapacidad.
Fuente: COIP/INEC
Liberadas

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“Ya no me quedo callada cuando un tipo molesta”
→Después de cada acoso, llega la frustración, el enojo, las ganas de llorar, pero Melina M.L. tomó la decisión de no padecer en silencio la impotencia de que un desconocido le diga groserías y asquerosidades. “Ya no me quedo callada. Ahora los enfrento y si alcanzo les hago fotos y las publico”, dice .

En Facebook encontró el usuario Primer Acoso No callamos, donde muchas cuentan sus historias y en algunos casos muestran fotografías de los acosadores. Allí recibe mucha solidaridad de otras mujeres con experiencias similares.

Melina asegura que todo fuera más fácil si las mujeres pudieran denunciar a estos hombres en una página digital de la Fiscalía y no hubiera que presentar tantas pruebas. Quizás, dice, eso genera un prontuario que los señale ante la sociedad y les impida incluso acceder a ciertos puestos de trabajo. “Por cosas así, creo que los hombres se sienten más poderosos en la sociedad en que vivimos”, dice la joven quiteña de 23 años.

“Un día unos albañiles me gritaron cosas y cuando miré, uno me hizo un gesto grosero con su pene. Me dio un asco tremendo y ganas de llorar. Al otro día ya estaba lista para salir y enfrentar al próximo, pero cada vez que me pasa vuelvo a sentirme mal”. (I)