Mi error fue confiar, una historia de venganza y extorsión

- 26 de enero de 2020 - 00:00
“Es el abuso de un hombre que por años se alimentó de mi silencio, que abusó de mi confianza”.
Por Nico

No lo podía creer, mi acosador de todos estos años era Raúl. Siempre había sido Raúl. Ese hombre al que amé, al que me entregué; ese mismo hombre quería verme aniquilada. Por años publicó fotos íntimas tomadas dentro de una relación de total entrega y confianza.

Me llamo Isabella Nuques Macías. No sé si mi nombre te suene familiar, o sepas algo sobre mí; pero quiero que prestes atención a lo que voy a contar. Pueda que mi historia haga que te sientas identificada, te conmueva, o quieras unirte a mi reclamo.

En el año 2013, poco después de terminar mi relación con quien fue mi pareja, Raúl E. M. T., él publicó fotos mías en Twitter para demostrar que yo era absolutamente sumisa y que igual regresaría con él.

Eran fotos íntimas que habían sido tomadas dentro de una relación de total entrega y confianza.

Mi familia se enteró, mis amistades las vieron, fue una situación espantosa; casi me vuelvo loca. Yo, en aquel tiempo era una muchacha de 18 años, confiaba enteramente en Raúl. No creí que esto llegaría tan lejos, estaba tan ciega.

Esa cuenta se cerró, pero no acabó ahí la persecución. Cada cierto tiempo se abrían nuevas cuentas que publicaban mis fotos en redes sociales. Sucedió mientras estuve en la universidad.

Se las enviaban a mis nuevas parejas sentimentales cada vez que empezaba una relación, y volvieron a circular en el año 2015 cuando participé en el reinado de la ciudad.

En estos siete años mi autoestima como mujer quedó devastada, sentía que no valía nada, subí de peso descontroladamente y llegué a pesar hasta 211 libras.

Cada vez que salían a la luz mis fotos íntimas yo buscaba a mi exnovio para que me ayudara a desaparecerlas.

Raúl decía que él no tenía nada que ver con esas publicaciones, se mostraba súper apenado, me juró que no sabía cómo se habían filtrado mis fotos y buscó a un hacker para que las borrara.

En mi cabeza yo pensaba, ¿quién es esta persona que me quiere destruir? ¿Quién podrá haber hecho captura a las fotos de esa primera red social? ¿Por qué no se cansa? ¿Cuánto más tiempo durará esta tortura?

En agosto de 2019 recibí vía WhatsApp unos mensajes donde me decían que tenía que pagar la cantidad de $ 1.500 para que no publicaran fotografías íntimas mías. Me enviaron fotos y videos de hombres masturbándose viendo mis fotos.

Si yo no pagaba esa cantidad, la amenaza era que este material llegaría a mi familia, a mis amigos, a mis compañeros de trabajo y jefes. Vi cómo mi vida se derrumbaba nuevamente. Fue demasiado.

No tenía esa cantidad de dinero, pero, además, llegué al límite de lo que podía soportar. Con el tiempo me había alejado de Raúl y no quería volver a contactarlo, una vez más, para que me ayudara a desaparecer las fotos que volverían a circular por todos lados. Así que me llené de valor y denuncié ante las autoridades lo que me estaba pasando.

La Unase dio con la persona que estaba atrás de ese número desconocido que me enviaba los mensajes para extorsionarme.

Fue un martes 27 de agosto de 2019 cuando los policías me entregaron dos celulares; uno era el personal de Raúl, y el otro el celular desde donde también Raúl me extorsionaba.

Era él quien me había estado acosando, persiguiendo e intentando destruir todo este tiempo. Yo, ingenuamente pregunté a la Policía: “¿seguro que fue Raúl?” Me dijeron “Compruébelo.” Así que llamé a ese número que me atormentaba vía WhatsApp y salió mi nombre con la foto de perfil que en ese momento tenía.

No lo podía creer, mi acosador de todos estos años era Raúl. Siempre había sido Raúl. Ese hombre al que amé, al que me entregué; ese mismo hombre quería verme aniquilada.

Fue un delito flagrante, la Policía lo encontró con el celular desde el cual me extorsionaba en sus manos. Justo me estaba escribiendo cuando lo agarraron; incluso intentó destruirlo al verse descubierto.

Raúl recibió prisión preventiva por el delito de extorsión. El artículo 185 inciso 2 del COIP dice que si se extorsiona a una persona con quien tenga una relación de confianza la pena sería de cinco a siete años.

Después de un proceso arduo y tormentoso llegó el día de la audiencia de preparación de juicio, donde el juez Eladio Freire dictó que presume que el sospechoso es creador del delito, pero que no calificaba para el agravante de inciso 2, bajándole así la pena y dejándolo libre con otras medidas precautelares antes del juicio.

¿Cómo un juez puede dejar libre a un hombre así? ¿Quién dice que Raúl no violara mi confianza si estuvo circulando fotos íntimas mías de cuando él y yo éramos novios?

Cuando salí de esta audiencia sentí una impotencia enorme por la injusticia que se cometió contra mí. Lo comenté en mis redes sociales personales, pues ya que no aguantaba cargar más el peso de mi silencio que duró siete años.

He decidido hablar, contar mi historia, hacerla pública. Mi único error fue enamorarme y entregarme completamente a un hombre que me hizo partícipe de su juego de ajedrez tratándome como a un peón, dándome jaque mate por años hasta que 2019 su corona de rey se le cayó.

Puedo tolerar haber sido víctima del sujeto, pero no que hoy el sistema de justicia se ponga de su parte.

Esto va más allá de un delito de extorsión, esto es el abuso de un hombre que por años se alimentó con mi silencio, que abusó de mi confianza, que creó las condiciones para que yo dependiera de él aun después de haber terminado nuestra relación. Un hombre que estuvo años intentando destruirme, aniquilarme. Y que estuvo a punto de conseguirlo.

No puedo creer que la justicia de mi país fue más rápida en darle a Raúl su boleta de excarcelación que a mí -su víctima, y tras dos días- la boleta de auxilio.

Cuando el Estado, en este caso la administración de justicia, incumple su deber de proteger a la víctima de un delito y, además se comporta con indulgencia con el delincuente, es cómplice de violencia.

Esta es la razón principal por la que a las mujeres que sufrimos este tipo de delitos nos cuesta tanto denunciar. (O)

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