Zamora es dueño de una voz gruesa, grave y muy clara
Desde los 4 años, Diego Zamora ya era parte de la música. Dio sus primeros pasos en ese mundo con su padre, Diego Zamora, y su madre, Mónica Mendieta.
Conformó el trío Mónica y sus dos Diegos, en el que interpretaba melodías latinoamericanas y tocaba instrumentos de viento y de cuerda.
Su mayor triunfo, hasta el momento, le llegó en 2012, cuando obtuvo el máximo galardón del Festival de Canto de Salzburgo, Viena. Ganó el certamen por decisión unánime del público y del jurado calificador. Diego fue uno de los 15 participantes aceptados en ese certamen, entre destacados cantantes líricos que representaron a Australia, Suiza, China, Estados Unidos, Malasia, Alemania, India, Rusia, Rumania, Bielorrusia, Gran Bretaña, Venezuela y Austria.
Su gusto por el canto lírico comenzó en 2010 cuando actuó en la ópera rock, Jesucristo Súper Star en Cuenca.
Su primer maestro le propuso estudiar esta especialidad y de allí viajó a Trujillo, Perú, donde participó en un concurso de canto lírico y llegó a la final con 56 participantes de 16 países.
Asimismo, la semana anterior estuvo en Nueva York en un festival internacional, en el que llegó a la semifinal.
En sus planes también está formar jóvenes músicos y sobre todo especialistas en el canto lírico. Además tiene un teatro de bolsillo, donde trata de unir todas las ramas del arte. Esa idea surgió debido a que gestores culturales, como él, “se han cansado de pedir apoyo y ayuda”.
Para julio prepara la opera denominada Traviesa que se presentará en el teatro Centro de Arte en Guayaquil. (I)
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